La lengua de Eros | Rapsodia II :: Escena 5 - Para leer on line~

Hoy sábado también estamos de estreno: os presento la penúltima escena de la Rapsodia II.

Hasta el último día de agosto voy a subir varias escenas y rapsodias (episodios) de mi nueva novela, La lengua de Eros

En función de vuestra respuesta durante esta semana, actualizaré más o menos seguido. Si veo cierto interés, continuaré subiéndola y si no es el caso pues me centraré en subir las otras historias que también esperan :)

L'Education d'Achille par le centaure Chiron por Jean-Baptiste Regnault. 1783.


Siguiendo con la colección de obras de arte relacionadas con la mitología griega, os dejo una pintura del centauro Kheiron y Aquiles. Poco a poco os iréis haciendo con las muchas historias cruzadas que encontraréis entre las páginas de mi novela: pequeñas historias que tendrán su reflejo en los personajes principales de La lengua de Eros.

Naturalmente no podían faltar Aquiles, Patroclo y la guerra de Troya. También estarán presentes entre mis páginas, aunque bajo mi toque e interpretación personal de la historia ;)

Recomiendo no buscar información sobre estos personajes y otros tantos, para evitar posibles spoilers o revelaciones importantes de la trama.


Para leer la Escena 5 de la Rapsodia II, picad donde pone Sigue leyendo AQUÍ.

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Mañana llegaremos a la última escena de la Rapsodia II.
Saludinessss

Eleanor Cielo~
Homoerótica Azul. Léela. Ámala










 RAPSODIA II - Escena 5


Cuando el centauro Kheiron lo tuvo delante, se fijó en los dos pequeños que venían con el hombre.

—Os encargo la educación de mi hijo Aquiles y la de su compañero Patroclo.
—¿A qué se debe tal honor, estimado rey Peleo?
—Mi esposa Thetis me ha abandonado. Me recrimina mi desacuerdo por ese necio ritual que ha realizado durante años.
—¿A qué ritual te refieres?
—Todos en el monte Olimpo conocen los extraños ritos a los que ha sometido a mis herederos.

Vaciló por un instante.

—Infantes, id con la ninfa para que os muestre vuestra nueva morada. Conoceréis el mar, los bosques.

Los chiquillos abandonaron la estancia, solos quedaron Kheiron y Peleo.

—Ahora que no nos oye nadie, háblame de lo que ha sucedido.
—Creo que fui el último en conocer lo que tramaba… —dijo el soberano. —Un día la descubrí intentando quemar a mi hijo.
—¿Y qué sucedió después? Parecía estar sano.
—Me confesó que lo hacía con frecuencia, que no me había dicho nada antes porque en el fondo me detestaba.
—¿Y?
—Como bien sabéis, Thetis pertenece al mundo de los inmortales. Sois consciente de que jamás me amó ni fui de su agrado.
—Mi preciado Peleo. Sigues siendo hermoso, sagaz y valiente. A lo largo de muchos años fuiste mi aprendiz más aventajado y sólo velé por procurar tu bien. Si te recomendé contraer nupcias con ella fue porque consideré que era lo que más deseabas. Sin embargo, te previne de sus intereses.
—Entonces descubrí que había asesinado a todos nuestros hijos. Lo comprendí todo.

Kheiron meneaba la cabeza.

—Una noche la sorprendí. En una pequeña pira sostenía al pequeño Aquiles. Intentaba quemarlo. Más tarde, ya al amanecer, comenzó a curar las heridas con néctar de los dioses. Repetía sin parar la misma frase: “Quiero que seas inmortal”. Aún no había ungido sus pequeños talones cuando no pude más y salí de mi escondite. Así empleaba su magia, así hizo con todos nuestros infantes. Sólo Aquiles sobrevivió. Jamás he vuelto a saber nada más de ella.
—Tu hijo es inmortal, apreciado Peleo.

Kheiron fue al encuentro de la ninfa, quien mostraba a los chicos las inmediaciones del Monte Pelion, su nuevo hogar a partir de ahora. Paseaban por la playa para recoger de la orilla diferentes piedrecillas y restos de crustáceos mientras las olas les cosquilleaban los tobillos.

El centauro observó a los chiquillos, quienes parecían ajenos a todo lo demás.

Aquiles era menor que Patroclo varios años, se habían conocido cuando el padre de éste lo envió a la tierra del rey Peleo para su entrenamiento. Desde entonces, habían crecido juntos. Aquiles pronto abandonaría la pubertad.

Éste poseía una belleza sin igual. Esbelto y de ojos claros, Kheiron imaginaba que muchos hombres percibían en él a un digno amado a quien tutelar cuando cumpliese más años. Comprendió que, contrariamente a los intentos de Thetis, su hijo había heredado los rasgos físicos y mortales de su padre; por aquel entonces un varón cuya hermosura seguía intacta a pesar del transcurso del tiempo.

Por su parte, Patroclo no destacaba entre sus iguales y Peleo le había confesado que algunos opinaban que el mismísimo Apolo lo ignoraría. De proporciones menos refinadas, enseguida se dio cuenta de la admiración que sentía por Aquiles, quien percibía sus atenciones como parte de un juego.

—¡Mira lo que he encontrado!

Extendió la mano, mostrándole una diminuta caracola nacarada.

—Jamás había visto algo semejante… —abrió los ojos, maravillado.
—Es para ti.

La depositó sobre la palma de la mano y a continuación le sonrió, risueño. La ninfa y Kheiron observaban curiosos.

—Gracias, Patroclo.

Enseguida, Aquiles comenzó a buscar otras piedrecillas, seguramente convencido de que habría otras tan extraordinarias como la que le había sido regalada.




Continuará...


Pica AQUÍ para leer la siguiente Rapsodia.

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Ninfa: diosa menor de un lugar natural determinado.

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