La lengua de Eros | Rapsodia II :: Escena 2 - Para leer on line~

Ya está aquí la escena 2 de la segunda Rapsodia.

Voy a subir durante toda esta semana varias escenas y rapsodias (episodios) de mi nueva novela, La lengua de Eros

Al final de la escena os he anotado algunas notas sencillas a pie de página que incluyen palabras del glosario y lista de personajes.

En función de vuestra respuesta durante esta semana, actualizaré más o menos seguido. Si veo cierto interés, continuaré subiéndola y si no es el caso pues me centraré en subir las otras historias que también esperan :)


Apolo y Kyparissos por Claude-Marie Dubufe. 1822

Os he incluido esta pintura porque se hace referencia al mito de Apolo y Kyparissos. Una de tantas historias cruzadas que encontraréis en las páginas de mi novela


Para leer la Escena 2 de la Rapsodia II, picad donde pone Sigue leyendo AQUÍ.

Mañana más. Ojalá os guste! A leeeer!!

Saludinessss

Eleanor Cielo~
Homoerótica Azul. Léela. Ámala










 RAPSODIA II - Escena 2

Kyparissos, uno de los descendientes del gran Herakles, sostenía entre sollozos al ciervo muerto. A sus pies, la lanza que había atravesado a la hermosa criatura lo delataba. Apolo, junto a él, lo observaba desconcertado.

—¿Envidias de alguna forma el dolor eterno de Kyparissos?
—¿Cómo podéis concebir semejante atrocidad? —inquirió Argyros.
—Siempre contemplas detenidamente esta pintura —señaló la pared.
—Me compadezco del ciervo, de Apolo y especialmente de Kyparissos.

Se acercó para acariciarle el rostro al efebo.

—Pobre muchacho. No sabía que su ciervo dormía tras la maleza. Apolo, tras domesticarlo, se lo había regalado como compañero…
—Y el joven amado, ante su error, pidió al hijo de Zeus que sus lágrimas no cesasen jamás. Así Kyparissos fue transformado en un ciprés, árbol que simboliza la pérdida de los seres queridos —se dirigió a él. —Ven.

Lysandros lo atrajo para sí con sus brazos. Lo rodeó con firmeza.

—No permitáis que…
—Calla, aparta esos pensamientos —lo estrechó aún más. —No consentiré que ninguna desgracia recaiga sobre ti. Hicimos una promesa, recuerda, mi estimado Argyros.

Los dos varones comenzaron a desvestirse para quedar totalmente desnudos. El joven miraba cómo disponía las prendas de lino a un lado para evitar que se arrugasen.

Después abandonaron el vestuario para dirigirse a la sala donde ungirían sus cuerpos con aceites. En el pasillo, algunos chicos, también desnudos, correteaban y bromeaban con sus compañeros. Se mezclaron entre varios adultos que salieron de otra estancia, los cuales se vieron sorprendidos por sus juegos.

Lysandros y Argyros alcanzarían la palestra para ejercitarse como hacían cada día. Ambos formaban parte del Batallón Selecto de la ciudad. Este cuerpo militar había sido creado por Gorgidas, importante figura política y militar tebana, quien había diseñado una pequeña milicia compuesta de ciento cincuenta parejas de amantes, todos ellos seleccionados de entre la joven aristocracia. El político afirmaba que jamás un hombre mostraría tanto valor en la batalla como lo haría delante de su amado o de su amante. Cada pareja estaba compuesta de un adulto y un muchacho mayor de edad, donde cada uno tenía unos deberes precisos. Afortunadamente, Tebas gozaba ahora de un periodo de paz.

—Es una excelente mañana para practicar la lucha.
—Creo que después podemos realizar algunas carreras —señaló Lysandros.

El gimnasio dedicado a Herakles era más amplio que el construido en honor a Iolaus, situado al otro lado de la ciudad. Ubicado junto a un extenso pinar, el erigido en honor al héroe era el preferido de muchos tebanos quienes, diariamente, acudían a instruirse física y moralmente. Reservados a los jóvenes, a los hombres de familias con derechos, no podían acceder a él mujeres ni varones de otras condiciones sociales.

Aquel día estaba muy animado. Numerosos muchachos se hallaban en la palestra realizando ejercicios al mando de los encargados a tal efecto y, especialmente, había una gran expectación ante la presencia de varios atletas que entrenaban de cara a los próximos Juegos que habrían de celebrarse en la polis de Olimpia. Algunos de ellos practicaban lanzamiento de disco, otros se instruían para superar la prueba de salto de longitud, próximos a ellos varios habían iniciado sus ejercicios de pugilato o boxeo. Los jóvenes jaleaban contenidos.

—Quieran los dioses que Esparta no vuelva a atacarnos antes de la fecha establecida para los Juegos.

Argyros bebió del agua del jarrón. El aceite brillaba sobre su anatomía lampiña y bajo los cálidos rayos de Helios.

—Si lo hacen, volveremos a defender nuestra magnífica Tebas. En Tegira, derrotamos a Esparta. Nuestro Batallón Selecto es sin duda motivo de orgullo —afirmó con rotundidad.

Argyros observaba los brazos de Lysandros hacer movimientos en el aire.

—Aún recuerdo aquel día. Tebanos contra espartanos. Puedo vislumbrar los cadáveres sobre la llanura, la sangre sobre mi lanza, el movimiento de mi espada atravesando numerosos cuerpos. Oía a los caballos relinchar mientras los enemigos, rota su formación, huían despavoridos.
—Tenemos la mejor caballería de toda Grecia —apuntó Lysandros. —Mi buen amigo Diokles es una muestra de ello. Lástima que no haya encontrado un amado digno de su talla.
—¿Lo decís por Alexios?
—Es un muchacho caprichoso, carente de modestia y valentía. Cuando sea un adulto, dudo mucho que resista un solo día en el campo de batalla.
—Pero he oído que es hijo de un importante terrateniente aristócrata ya fallecido —Argyros salió en su defensa.
—Eso no lo hace necesariamente merecedor de ser un futuro ciudadano honrado, ¿no crees? Es más, ha disfrutado de los mejores maestros que le han instruido en la aritmética, lectura, canto, escritura, deportes. Diokles es un oficial ejemplar, lleno de valor, que practica de forma constante el esfuerzo y la superación. En Tegira mostró su arrojo, su determinación. Espero que se dé cuenta de que ese muchacho, Alexios, es un insolente.
—Que así sea.

Finalizaron los ejercicios, dirigiéndose a la sala dispuesta para el baño con agua caliente y vapores. Con el rascador de bronce se retiraron primero el aceite que se había mezclado con el polvo del exterior.

Varios adolescentes se ayudaban mutuamente a frotarse la espalda mientras comentaban entusiasmados.

—Creo que Tibalt es el mejor lanzador de discos. Estoy seguro de que en Olimpia ganará a todos.
—Pero en pugilato Theron va a vencer como siempre lo ha hecho. Mi esclavo dice que no hay nadie como él.
—Prefiero el pentatlón. Soterios lo ganó la última vez y pronto volverá a hacerlo. Quiero ser como él.

Lysandros deslizaba la esponja sobre los hombros de su amado. Encontraba un irresistible placer si friccionaba la piel del joven quien, hacía algo más de tres años, había sido un efebo. Estudiaba las nuevas cicatrices que en Tegira había ganado como prueba de su valentía, de su hombría, del aprendizaje en las armas y -lo más importante- su unión con él dentro del Batallón Selecto.

Argyros parecía pensativo.

—Disculpadme si soy atrevido...
—¿Sí?

Comenzó a pasarle la esponja por la espalda.

—Pero antes, en la palestra, recordé aquella historia que me confesasteis hace un mes.
—¿Qué historia?
—La de aquel muchacho que…
—Que sepas que éste no es el lugar más adecuado para rememorar aquellas vivencias —se detuvo.
—Disculpad mi insolencia. Yo no quise…
—Es tu turno —se la entregó, hosco, y se giró.

Hubo un silencio incómodo entre ellos. En la habitación entró un grupo de hombres que parecían comentar las últimas noticias oídas en el ágora.

—¿Sabéis quién celebra su ceremonia de compromiso esta noche? —dijo el que aparentaba más edad.
—Hoy no se habla de otra cosa.
—¿De quién se trata?
—Nada menos que de Nikandros. Se va a comprometer con un chico cuyo padre es bastante rico, aunque muchísimo menos que él.

Algunos dejaron escapar una expresión de sorpresa.

—Y no olvidéis señalar que el propio Nikandros es el jinete más joven de la caballería tebana. Una institución que, como bien sabéis, admite a ciudadanos mucho más veteranos salvo honrosas excepciones.
—Este impúber, ¿qué tiene de especial para haber sido elegido con dichos honores…? Hay muchachos tan hermosos en nuestra Tebas que incluso a mí me resultaría difícil elegir de nuevo un amado, a mi edad...
—Lo desconozco, pero he oído que es muy hermoso…
—Es una criatura esculpida, moldeada por el propio Apolo. También he oído que reúne cualidades destacadas que apuntan a que será un distinguido ciudadano. Una vez los vi juntos en el teatro y os puedo asegurar que Nikandros ha elegido a su igual —dijo el de más edad. —¿Os dije ya que esta noche acudiré al banquete?

Lysandros y Argyros fueron hacia el vestuario para ataviarse de nuevo. Un rato después abandonaban el gimnasio para dirigirse a la casa. Seguían sin dirigirse la palabra.

Al atravesar la entrada y el patio interior, el mayor lo agarró hasta arrastrarlo a la alcoba. Evitaría a los dos esclavos que salieron a su encuentro.

—Que nadie nos interrumpa.

Una vez dentro cerró la puerta, arrojando al joven sobre la cama. Comenzó a desnudarlo con rapidez para luego besarlo como si estuviese hambriento. Argyros, ya encendido, lo miraba con los ojos entrecerrados.

—No dices nada. ¿Ni siquiera vas a permitir que oiga tus jadeos?

Le agarró la barbilla, luego le mordió el cuello. Sus dedos, por otro lado, se enroscaban en la erección ajena.

Lysandros insistía una y otra vez, pero no lograba que el joven se abandonase por completo. Éste se resistía, oprimía los labios, intentaba ahogar cada gemido que lo sacudía.

El mayor se sentía retado y se desnudó sin apartarse de su lado. A continuación agarró sendos sexos, empezó a frotarlos entre ellos mientras sus dedos comenzaban a pringarse de aquel líquido sin color.

Le mordía los labios y lo empujaba contra el camastro.

—¿Vas a seguir resistiéndote?
—Sois un provocador...



Continuará...

Pica AQUÍ para leer la siguiente Rapsodia.

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Ágora: plaza pública y lugar de reunión en la Antigua Grecia

Efebo: joven de dieciocho a veinte años.

Palestra: escuela de lucha.

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Apolo: dios de la belleza, de la armonía, de la verdad, hijo de Zeus.

Eros: dios del deseo, del amor sexual entre hombres.

Herakles: héroe y amante de Iolaus. Hijo de Zeus.

Iolaus: pupilo y amado de Herakles.






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