La noche del cisne | Capítulo 6~

Continuamos con la serie de entregas de los capítulos de mi nueva novela, La noche del cisne, para que los leas y animarte así a conseguir la obra ❀

Tienes la novela en Amazon en formato digital y también físico o tapa blanda. En la misma página puedes acceder a las primeras páginas de la novela donde pone Echa un vistazo, justo encima de la portada.

El capítulo de hoy está más abajo 😚




Nada más por el momento. Feliz viernes!


Con cariño, 
Eleanor Cielo💙


Info sobre la licencia de esta obra :: La noche del cisne -(c) - Eleanor Cielo

Recuerda que es una obra registrada y tiene todos los derechos reservados.







6. La voz y la serpiente

Aquella noche fue horrible. No dejaba de pensar que un hombre me había besado. Su lengua pegajosa, su saliva con sabor a alcohol. Había sido mi primer beso y aún podía oír las burlas de Radovan y de Fabien. Por fin me había dejado marchar y yo corrí y corrí hasta Nueva Alejandría sin mirar atrás en ningún momento. Estaba tan avergonzado por lo que había sucedido que me juré a mí mismo que nadie, nunca, jamás debía saber que mi lengua había tocado la de otro hombre. Nada más entrar en casa, fui a la despensa para meterme en la boca todo lo que encontrase. Tenía que quitarme el sabor de Radovan, el champán mezclado con el perfume de su ropa. Acabé zampando una insólita mezcla de sabores que acabó provocándome el vómito allí en medio de la cocina.

—¿Ha estado bebiendo alcohol, joven Ladislav? —dijo Darija, el ama de llaves, tras aparecer por la puerta.
—Darija, no es nada —dije un poco mareado—. Debes dejar de preocuparte…
—Llamaré al Doctor Kovac.
—No es necesario… He debido de comer algo que me ha sentado mal.
—Debo asegurarme de que dice la verdad, joven Ladislav. Su padre y su madre ya no pueden velar por usted, pero yo sí. Es mi deber cuidarle para que nada malo le suceda. Dígame qué ha pasado —dijo antes de intentar acercarse.
—¡No…! —grité al creer que podría averiguar algo.

Estaba tiritando y por un momento creí que los dedos de mis manos y de mis pies se habían congelado. Retrocedí de inmediato, pero tropecé con la mesa y caí de espaldas contra el suelo. Me incorporé enseguida para huir hasta mi habitación, seguro de que Darija no iba a entrar en ella. Me miré en el espejo después de lavarme la cara. Quería dormir y olvidar todo lo que había sucedido en aquel fatídico día. Desde la ceremonia de boda de Vesna hasta el beso de Radovan, no sin olvidar lo tonta que había sido Iskra. En el espejo vi cada escena con tanta nitidez que pensé que de un momento a otro acabaría por despertar de aquel sueño. ¿Qué iba a hacer a partir de ahora? ¿Cómo iba a afrontar que ya nada iba a ser como antes? ¿Por qué mis primas se habían alejado del mundo en el que habíamos sido tan felices? Abatido por los hechos, me metí en la cama y lloré abrazado a la almohada hasta quedarme dormido. Sin embargo, la pesadilla continuó después. Radovan y Fabien me obligaban a llenar copas y copas de champán. Había cientos, miles de ellas porque mi vista no alcanzaba a ver dónde acababan. Yo sostenía una botella cuyo alcohol era infinito y, ante las órdenes de los dos pervertidos, colmaba las copas con toda la rapidez de la que era capaz. Pero mis extremidades pesaban cada vez más y más, mis movimientos eran más lentos, más torpes. Entonces, aunque los dos hombres gritaban para que me diese prisa, el número de copas aumentaba vertiginosamente y algunas de ellas se rompieron. Luego Radovan arrancó mi corazón de cuajo y lo cortó en dos con una especie de sierra. Era de madera como también lo eran mis brazos y piernas. Yo tenía los pies enterrados en el suelo, así que no podía huir. Con sus ojos de colores diferentes, intentaba hipnotizarme y acariciaba mi cara. Me estremecí. Recuerdo que intenté gritar, pero me había quedado sin voz. Sentía el calor de su cuerpo alrededor del mío como si se enroscase lentamente.

—Ladislav —dijo mientras notaba cómo me ceñía más y más con un movimiento silencioso—. Nadie te preparó para esto, ¿verdad?

Fabien había desaparecido y los ojos de Radovan se habían teñido por completo de negro. Intenté desprenderme de sus garras, pero solo conseguía agotarme.

—Ladislav —dijo más cerca del oído—. Si no tuvieses miedo, ¿qué me harías?

Su piel brillaba y vi que estaba cubierto de escamas azules.

—¡Suéltame! —dije por fin—. Tú no eres Radovan. No te daré mi alma. ¡Nunca!
—¿Estás seguro? —dijo comprimiendo sus brazos en torno a mi cuerpo—. Yo puedo lograr lo que me proponga.
—No te acerques a Iskra… por favor —dije casi llorando—. No te lleves mi alma...
—Si te dejo marchar, acabarás por arrepentirte —dijo aproximando sus labios a los míos.
—¡No te acerques a Iskra! ¡No te acerques a mí, Lucifer!

Sin saber cómo, por fin pude soltarme de sus brazos. Aún no había terminado de recuperarme cuando de pronto mi cuerpo empezó a crecer y a crecer hasta que perdí de vista la figura de Radovan. En aquel instante desperté. Había caído al suelo desde la cama.

—Tengo que hablar con Iskra—dije en la oscuridad de la habitación.

Volví a recordar el beso de la tarde. La saliva pegajosa, las burlas. Se me revolvía el estómago. Bebí un poco de agua. Me cubrí con la sábana y, bajo ella, pensé en Vesna. En aquel recóndito lugar, divisé su cuerpo trémulo y limpio junto a mí. Ella me miraba con sonrisa cómplice y yo volvía a sentirme fascinado por el aroma que desprendían los poros de su piel de nácar. Me erotizaba con susurros muy cerca del oído, casi podía notar la humedad de sus labios frente a los míos.

—¡Oh, Vesna! —dije en voz baja—. ¿Qué va a ser de mí a partir de ahora? ¿Por qué has decidido abandonarme si nuestra vida era perfecta? Todo lo que me rodea comienza a desmoronarse como un sencillo castillo de naipes.

Mi prima se había adueñado de mi corazón y yo tenía la certeza de que ese hueco jamás sería ocupado por nadie más.



Iskra me despertó muy temprano. Se había colado en mi habitación y aquello me escandalizó tanto que le dije que esperara en el salón, que aquello no era propio de una señorita como ella. Pero Darija, el ama de llaves, surgió por la puerta del comedor.

—Joven Ladislav, ¿no va a desayunar? Su hermano Sanel lo espera. Quiere hablar con usted. Se va de viaje con el joven Karlo a…
—Dile que un asunto me urge —dije sin prestar demasiada atención a lo que decía.

Tomé de la mano a mi prima y salimos corriendo de la casa sin hacer caso a la mujer. Ahora no podía perder el tiempo con la charla de mi hermano. Accedimos al gran jardín y nos aseguramos de que no había nadie más. Nos sentamos en el banco que había junto al viejo manzano.

—Ladislav, ayer no sucedió nada entre Radovan y yo —dijo enseguida.
—¿Estás segura? ¿No te obligó o intentó sobrepasarse contigo…? Tal vez te emborrachó… Iskra, no debes creer a cualquiera que te diga palabras bonitas…
—Radovan es un caballero y en ningún momento hizo nada que yo no quisiera.
—¡Entonces… te has dejado! —dije enfadado.
—¡No! Te he dicho que no pasó absolutamente nada. Ya soy mayorcita para valérmelas por mí misma, ¿no te parece? —dijo un poco irritada—. Deja de actuar como si fueras un novio celoso. No lo soporto.

Aquellas palabras me dolieron. No sabía qué decir. Mi prima no comprendía mis intentos por protegerla de un hombre cuyas intenciones eran deshonestas. Pareció darse cuenta de que sus palabras habían sido duras y entonces rebajó el tono de su reproche.

—Ladislav, yo solo quiero que dejes de jugar a ser un adulto. Me gustas más cuando te comportas como el pequeño afectuoso que siempre has sido.

Entonces recordé a Vesna, los botones y las piedrecillas del río. Eugen. Radovan. Fabien. Mis padres y los cuentos que me leían.

—¿Por qué todos me tratáis como si fuese un niño? —dije decepcionado.

Permanecimos en silencio. Tenía ganas de llorar. Echaba de menos cómo había sido todo cuando éramos pequeños. Ojalá tuviera el poder de regresar al pasado, de retener el tiempo. Tenía la sensación de que se deslizaba de entre mis dedos como la arena de un reloj. Iskra se acercó y empezó a acariciarme el cabello con suavidad mientras yo permanecía con la cabeza caída hacia adelante. No dejaba de pensar que me había herido con sus palabras y, en un arrebato de ira, confesé lo que sabía.

—¡Radovan es un invertido!

El rostro de Iskra se contrajo de indignación.

—¿C-Cómo te atreves a decir… tales cosas de él? Pero… pero ¿por qué…?
—¡Ayer lo vi con mis propios ojos! —dije alarmado.
—¡No quiero oírlo! —dijo levantándose para marcharse.
—¡Él y Fabien son amantes, Iskra! —dije por fin sintiéndome liberado.
—¡Oh, Ladislav…! De ningún modo podré perdonarte... No puedo creer que seas el mismo Ladislav que conozco… ¡Te odio!

Mi prima empezó a llorar y la sujeté del brazo. Me dolía verla así, pero prefería que supiese la verdad antes de que también me abandonase como ya había hecho Vesna. Debía protegerla de las mentiras de Radovan. Pero por mucho que insistí Iskra no creía en mis palabras.

—Radovan no es así… Él… él me dijo cosas preciosas, me dijo que me amaba, que… —dijo antes de hacer una pausa—. ¡Dijo que quería casarse conmigo, Ladislav!

Mi prima lloraba más fuerte. La abracé hasta que pareció calmarse un poco mientras dentro de mí maldecía una y otra vez al pervertido que había irrumpido en nuestras vidas para burlarse de nosotros. Me rechinaban los dientes y me juré que lo pagaría muy caro. Iskra quiso marcharse sola a la casa a pesar de que mi deseo era acompañarla. Se limpió las lágrimas y suspiró.

—No podía permitir que alguien así jugara con tus sentimientos. No podría perdonarme si dejase que te sucediese algo malo.

Tenía que hacerle ver que solo había actuado pensando en ella y que no soportaría que fuese una desdichada. Yo empezaba a sentir que ya lo era después de lo sucedido con Vesna.

—Sé que tengo diecisiete años, pero eso no quiere decir que no comprenda algunas cosas.

Me dolía tanto que Iskra no confiase en mí que oí cómo algo dentro de mi ser se quebraba. Me había dado cuenta de que mi prima no confiaba en mí, ella que era tan importante desde hacía años.

—Radovan… ¡Radovan me besó!

Aunque me había jurado a mí mismo que nunca se lo diría a nadie, comprendí que era la única forma de que Iskra por fin me creyese. Tenía tal deseo de que ella supiese que solo hablaba desde la sinceridad que acabé por revelar el episodio más vergonzoso de mi corta vida. Aquello debía servir para que entendiese que mi amor por ella era honesto. Sin embargo, no dijo nada y, después de un prolongado silencio, se separó de mí.

—¡Pero no se lo digas a nadie! ¡Por favor…! ¡Prométemelo!
—¿Qué hiciste con ellos después de que me fuese, Ladislav? —dijo bruscamente—. ¿Por qué te quedaste con ellos en lugar de venirte conmigo?

Aquella pregunta me arrojó contra el recuerdo del beso de Radovan y me puse tan nervioso que empecé a tartamudear. Iskra me observaba con gesto desconfiado para luego cruzarse de brazos. Sus ojos se tornaron recelosos, irreconocibles para mí. De repente comencé a sudar y la boca se llenó del sabor del champán, de la saliva de Radovan. Nadie más debía saber que un hombre me había besado. No podría vivir con ello.

—Tú… tú… eres otro…
—N-No… I-Iskra… Y-Yo…
—¡…invertido!



Comentarios

Entradas populares