El abrazo de Apolo | Rapsodia V :: Escena 8 - Para leer on line~

Mañana estaré de aniversario.

Homoerótica Azul cumplirá 3 años y con ella, El abrazo de Apolo va a hacer un añito de vida. Por esa razón he compartido las diversas escenas que componen la Rapsodia V, que es la que sigue a las ya posteadas en este blog. Hoy finalizamos con la Escena 8.


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Mañana será el gran día

Eleanor Cielo~
Novelas adultas para corazones adultos




El abrazo de Apolo - Eleanor Cielo -(c) -Eleanor Cielo


::NO  PLAGIES. SÉ ORIGINAL::







RAPSODIA V - Escena 8

—¿Por qué jamás me respondisteis, Lysandros? —oyó éste a sus espaldas.

El hoplita, como cada mañana, revisaba y limpiaba su panoplia. Regalo de Gorgidas cuando vivía con él, simbolizaba el fin del entrenamiento militar de cualquier efebo que accediese a la mayoría de edad, una vez superados dos años de intensa preparación. De esa forma, todo mentor tenía además la obligación de proporcionar esta serie de armas que acompañaría a todo ciudadano griego en la guerra. Fiel como su sombra, la panoplia era la diferencia entre un hombre vivo y otro muerto.

Mañana las tropas tebanas y aliadas saldrían con dirección al sur, hacia Laconia. Las semanas previas habían servido para aprovisionar a las huestes, revisar minuciosamente los planes de invasión trazados. Los dioses por fin habían dado su veredicto y el oráculo vaticinó que había llegado el momento de abandonar Mantinea. Finalmente, los de Arcadia habían terminado de confiar en el liderazgo de los tebanos y así los beotarcas Epaminondas y Pelopidas continuaban siendo los líderes visibles. La campaña sería precisa, con un objetivo muy claro: invadir la región enemiga.

La mañana había amanecido húmeda pero los rayos del sol eran ya más cálidos. Lentamente, los días se iban haciendo un poco más largos y ya comenzaban a brotar aquellas flores que anunciaban la primavera. De esta forma, pronto llegaría la estación seca y la diosa Cibeles derramaría otra vez sus colores sobre la tierra fértil.

Lysandros estaba sentado junto a una roca mediana que le servía de respaldo y a su lado más próximo estaba la espada. La tomó y comenzó a estudiar su doble filo rectilíneo.

—Regresa a Tebas. No comprendo para qué has venido.
—Quería estar aquí. Llegué esta misma mañana con los mensajeros y un pequeño contingente que se une —dijo Tibalt cuando se situó frente a él—. Tenéis buen aspecto.
—Lamento no poder decir lo mismo.

Lysandros seguía centrado en la espada que abrillantaba.

—En Tebas tienes a tus muchos amantes, esos que usas cuando te apetece. Por otra parte, podrías haberte quedado allí con el ejército permanente en lugar de incorporarte ahora. ¿A qué se debe ese cambio?
—El anciano Gorgidas intercedió para que no me alistaran en esta campaña, pero tras un tiempo prudencial decidí enrolarme.
—¿Gorgidas? —Aquello captó su atención—. ¿Te refieres a nuestro antiguo líder…? ¿De qué lo conoces tú?

El muchacho dudó por un momento y prefirió sentarse frente a él. A continuación, le hablaría de sus charlas y de cómo la última vez que lo había visto le aconsejó no participar en la larga guerra que parecía avecinarse.

—¿Qué quieres? ¿Por qué has venido hoy a mí? —preguntó molesto cuando ya se cansó de oírlo.
—Estuve esperando vuestra respuesta durante tanto tiempo… No respondisteis a las palabras que os escribí y mantuve la esperanza de que acudirías a mí. Pero al final sucedió lo que temía. Él apareció y me raptó.
—¿Quién?

Lysandros se impacientaba. Quería marcharse. Ya nada le importaba la suerte de Tibalt. Había olvidado lo que sentía por él hacía mucho tiempo. Se levantó y se colgó el arma a la espalda. El muchacho lo agarró del brazo.

—Me equivoqué. Perdonadme… No debí abandonaros nunca...

Lysandros se echó a reír.

—A ver si lo comprendo. Después de tantos años tienes la desvergüenza de venir aquí a pedir que alivie tu pésima conciencia. ¡Qué manera de insultarte! —exclamó Lysandros indignado.
—He cambiado. ¡Os lo juro! Ya no soy aquel joven que conocisteis…
—Pues si esto es una prueba de ello, será mejor que te deje aquí con tus disculpas.
—Pero escuchad lo que tengo que deciros…
—Regresa a Tebas con tus amantes y déjame en paz, Tibalt.



Comentarios

  1. Hola Eleanor, te aviso que publiqué la reseña de tu libro en mi blog, por si quieres leerla http://elyg-pensadero.blogspot.pe/2015/12/resena-mm-los-cuerpos-magneticos.html espero que la leas <3
    Cariños y nos estamos leyendo.

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    Respuestas
    1. Hola, Ely!!
      Te acabo de dejar un comentario en el blog ;)

      Por cierto, he tenido algunos problemillas para dejarte mi mensaje porque la cajita de los comentarios desaparecía o no me dejaba escribir en la misma caja porque dice que está "Abriendo...". Por eso que te he escrito debajo de tu comentario de G+
      Te lo comento porque pienso que querrías saberlo ^^

      Un besote!!

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