El abrazo de Apolo | Rapsodia II :: Escena 3 - Para leer on line~

El Santuario de Delfos fue uno de los centros religiosos más importantes del mundo antiguo. Dedicado a Apolo Pitio, recibía miles de peregrinos cada mes que deseaban consultar alguna cuestión que les preocupaba. Era la Pitonisa la encargada de recibir las palabras de Apolo y a través de ella los sacerdotes interpretaban el mensaje que el hijo de Zeus daba al peregrino.

Os dejo aquí un par de imágenes de cómo era y en el que me he basado cuando describo las escenas que en él suceden. Tenéis muchas fotos de este lugar en la red, la gran mayoría de cómo está en la actualidad.

¿Veis el tesoro de Tebas, abajo a la izquierda?
Definitivamente, ¡tengo que ir!
«Santuario de Apolo Pitio» por P. de la Coste-Messelière.
¡Qué chulada!
«Santuario Delfos» por Nanosanchez
 
El ónfalos de Delfos.
«Onfalosdelfoslou». Disponible bajo la licencia CC BY-SA 3.0 vía Wikimedia Commons.



El pasado día 20 traje la primera de las escenas de El abrazo de Apolo. Desde entonces y hasta el mismo día de su lanzamiento (el próximo 30 de diciembre), os estoy dejando en mi blog las escenas de la Rapsodia I y varias de la II para que vayáis haciendo boca ;)

Recordad que estamos de celebración por este próximo segundo aniversario y por ello he decidido traeros en exclusiva la nueva novela antes de su lanzamiento. Así que podéis reservar una copia de la novela en Amazon por sólo 3 euros, un precio que a partir del mismo día 30 subiré. Aprovechad el descuento antes de que sea más tarde :P
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Para leer la Escena 3, picad donde pone Seguir leyendo AQUÍ, más abajo.


Saludinessss

Eleanor Cielo~
Novelas adultas para corazones adultos












                         El abrazo de Apolo - Eleanor Cielo -(c) -Eleanor Cielo



::NO COPIES. SE ORIGINAL::







RAPSODIA II - Escena 3

Desde muy temprano, el santuario comenzó a recibir numerosos peregrinos que habían esperado aquel día. Con los primeros rayos de Helios asomando por el horizonte, la Vía Sacra sería recorrida por gentes de toda condición social y de los más recónditos lugares de Grecia que llegaban para ser aliviados de sus preocupaciones y temores de todo tipo. Cada uno de ellos llevaba consigo un animal doméstico para el requerido sacrificio: cabras, gallos, cerdos, corderos e incluso bueyes los más pudientes.

Como cada siete de cada mes, el oráculo tendría lugar. Finalmente, la Pitonisa haría las diversas consultas a Apolo Pitio para que éste manifestase su voluntad a través de ella. Como sus palabras siempre eran confusas porque la naturaleza de lo divino estaba por encima de las limitaciones humanas, eran necesarios varios sacerdotes para que interpretasen el mensaje y dar así las respuestas a los fieles, que sólo podían ser varones. De esta forma, el dios accedería a responder a las preguntas que días anteriores habían protagonizado las muchas entrevistas de la vidente.

Uno de ellos era Nikandros, quien iba sentado en el camastro portátil transportado por dos esclavos. Kyros iba a su lado y lo agarraba de la mano.

—Apolo os hará partícipe de su sabiduría y compasión —dijo para darle ánimos. —Yo estaré a vuestro lado en todo momento.

Cuando fue el turno del jinete, Gorgidas y el muchacho lo acompañaron. Detrás de ellos iría el buey que habían comprado para sacrificar, tirado por uno de los esclavos. Tibalt y Alexios esperarían en la gran explanada que había frente al templo. Allí se concentraban ahora los próximos consultantes junto a los animales para la consulta.

El pequeño grupo fue conducido a la parte trasera del edificio y pronto llegaría un extraño aroma que parecía envolver la totalidad de la estancia. Desde fuera llegaba parte del ruido del exterior. Kyros recorrió con sus ojos cada uno de los muros que lo rodeaban. Una gran estatua de Apolo Pitio presidía el recinto cerrado y en el otro extremo estaba el ónfalos, el centro del mundo. Se acercó a la figura divina, subida sobre un profuso soporte, y le rozó las sandalias que quedaban a la altura de sus hombros. De nuevo sintió un nudo en la garganta al recordar el sueño del día anterior y Kyros se rozó los labios. Quería volver a sentir la presencia de Apolo. No era capaz de quitársela de la cabeza. ¿Qué era aquel deseo? Se secó los ojos humedecidos con disimulo para que nadie lo viera. Regresó junto a Nikandros y el anciano.

Pero en el centro de la sala había un gran agujero conectado con una puerta que daba a una galería subterránea. En ese momento entraron los sacerdotes y los apartaron de allí.

—Ver a la Pitonisa durante el oráculo está totalmente prohibido. Así que permaneced en este mismo punto y no andéis por el resto de la sala.
—A continuación va a entrar en el gran agujero. El olor que vais a percibir es el del laurel.

Kyros sentía curiosidad por avanzar hasta descubrir el rostro de aquella mujer elegida por Apolo Pitio para que manifestase su voluntad con sabores de laurel purificado y un río de sangre. Sabía que era una de las figuras más importantes del mundo religioso griego y quiso saber cómo sería tener esa conexión tan estrecha con él, vivir a su lado y experimentar aquel poderoso abrazo cada siete de cada mes. Ahora comprendía lo que era haber experimentado esa unión y no podía quitársela de la cabeza.

Después, llegaría el sacrifico del buey y la sangre. Nikandros lo había elegido personalmente en un mercado de Delfos y no tuvo reparos en pagar una fuerte cantidad de dinero para ofrecer a Apolo Pitio el animal más selecto.

—Lo rociaremos con agua fría. Si tiembla, continuaremos con el oráculo. Si no tiembla, el oráculo se suspende.

Kyros contuvo su aliento hasta comprobar cómo el buey finalmente tiritaba. A continuación los sacerdotes iniciaron el sacrificio. Así fue cómo la sangre comenzó a brotar violentamente del cuello horadado y un grueso hilo escarlata comenzó a rellenar un canal que había en el suelo. De esa forma se canalizaban los líquidos al exterior del templo.

Uno de los sacerdotes entonces invitó a Nikandros a hacer su consulta. Éste era el preciso momento. La Pitia escuchaba allá abajo mientras continuaba masticando las hojas de laurel que crecían junto a la fuente de Castalia.

—¡Oh, Apolo Pitio! Postrado tras la batalla me encuentro desde hace muchos meses. ¡Por ello, oíd las súplicas de este mortal que sólo os teme y venera! —alzó las manos y la cabeza hacia al techo. —¿Volveré a ser el jinete que fui? ¿A servir a Tebas con mi vida y espada como es mi más profunda aspiración?

Su voz aparentó quebrarse y el corazón de Kyros saltó dentro de su pecho. Sabía que sus encuentros con Apolo no podían ser revelados pero, por otra parte, creía que Nikandros enfurecería de celos y lo apartaría de su lado.

—¿Volveré a… andar? —ésta última pregunta pareció rebotar contra los muros que los rodeaban.

Hubo un silencio que pareció infinito hasta que los sacerdotes, sentados frente a una mesa, comenzaron a percibir las palabras incomprensibles de la Pitia para inmediatamente escribir la interpretación. Kyros agarró la mano de Nikandros y la apretó con fuerza. Estaba muy nervioso. Gorgidas miraba al techo al tiempo que susurraba algo.

—Apolo Pitio ha hablado: Aquí está el oráculo. Abridlo cuando alcancéis la plataforma de acceso, no aquí —uno de los sacerdotes le entregó un papiro enrollado con una delgada cinta rojiza. —Podéis retiraros.


Continuará...

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