El abrazo de Apolo | Rapsodia I :: Escena 4 - Para leer on line~

El pasado día 20 traje la primera de las escenas de El abrazo de Apolo. Desde entonces y hasta el mismo día de su lanzamiento (el próximo 30 de diciembre), os voy a dejar en mi blog las primeras escenas de la Rapsodia I para que vayáis haciendo boca ;)

Recordad que estamos de celebración por este próximo segundo aniversario y por ello he decidido traeros en exclusiva la nueva novela antes de su lanzamiento. Así que podéis reservar una copia de la novela en Amazon por sólo 3 euros, un precio que a partir del mismo día 30 subiré. Aprovechad el descuento antes de que sea más tarde :P

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¿Y qué vais a encontrar en la novela?
  • De nuevo el mapa de la antigua Grecia con las localizaciones más importantes que aparecen, incluidas las mitológicas como Troya.
  • Glosario de personajes actualizado para este segundo volumen.
  • Más de 440 páginas repletas de drama, batallas, traiciones, sangre, confesiones secretas, y naturalmente con el toque homoerótico en sus escenas más íntimas
  • ¡Un epílogo inolvidable!
  • Y mucho más que habéis de descubrir :>


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Para leer la Escena 4 (que hoy es casi triple), picar donde pone Seguir leyendo AQUÍ, más abajo.


Saludinessss

Eleanor Cielo~
Novelas adultas para corazones adultos









                     El abrazo de Apolo - Eleanor Cielo -(c) -Eleanor Cielo



::NO COPIES. SE ORIGINAL::







RAPSODIA I - Escena 4


Lykaios y Heron permanecían junto a Argyros siguiendo las órdenes de Diokles. Como prisionero, sus derechos habían sido revocados y esperaba ser juzgado por un tribunal. Sin embargo, Tebas quedaba lejos y los asuntos de la guerra apremiaban.

—Pronto vendrá el comandante Pelopidas. ¿Has decidido finalmente hablar con él? Es un hombre razonable, sabrá comprenderte —dijo Heron.
—No continúes así. Debes explicarle qué sucedió ayer.
—¿Qué pasó con Lysandros?

Pero Argyros continuaba sin decir nada. Desde el incidente, había permanecido separado de las tropas. Lykaios y Heron tenían órdenes expresas de evitar que cualquier otro soldado se le acercara y evitar que diera a conocer que entre ellos se encontraba un traidor. Ante la negativa, la pareja centinela intercambió miradas de preocupación.

—Muy pronto llegaremos a Mantinea. Esta noche presiento que va a llover, así que será mejor que después busquemos un lugar abrigado —dijo Heron cuando volvió a comprobar que las cuerdas con las que habían atado al prisionero no estaban demasiado tensas.
—Mira, aquél es el comandante. Viene hacia aquí.


-----∞0∞-----


Cuando Pelopidas estuvo finalmente a solas con Argyros, lo tomó del brazo y, sin desatarle las manos, lo llevó a un lugar aparte. El sol anunciaba la llegada del atardecer de Selene y ésta avanzó con disimulo de entre los árboles que la pareja dejó atrás para espiarlos.

No se adentraron mucho más allá, sino que se detuvieron a una distancia prudente donde podían divisar al resto de tropas. Éstas se encontraban extendidas sobre una zona abierta flanqueada por un río que la atravesaba desde el norte hacia el sureste. El beotarca lo soltó del brazo y permaneció en silencio. Sin embargo, andaba de un lado para otro y se rozaba el mentón con aire de preocupación. Lanzó un chasquido.

—¡Pero en qué estabas pensando cuando levantaste la espada contra uno de los nuestros! ¿Tienes idea de lo que has hecho? ¿Sabes lo que te espera cuando regresemos a Tebas?

Su rostro se había vuelto a endurecer y la luz lejana de las diversas hogueras se reflejaba en él, consiguiendo un efecto amenazador.

—No sé qué te dijo Lysandros, tampoco me interesa, pero no hay razón alguna para tu torpeza. Diokles te vio y es el mayor testigo, no puedo hacer nada contra su palabra… —se detuvo. —¡Qué ingenuo eres! Has caído en la trampa de tu enemigo y aún no te has dado cuenta —lo volvió a mirar, esta vez contra la luz del campamento. El rostro había quedado oculto por las sombras.

Argyros había permanecido callado desde que fuese arrestado el día anterior. Había permitido que lo despojasen de su panoplia completa e ignorado cómo ataban sus manos ante el desconcierto de los escasos testigos. Había renunciado a vivir y su suerte había dejado de importarle. Creía que ya no había nada por lo que luchar. Sin el amor de Pelopidas y su continuo rechazo, Argyros se había rendido.

—Diokles y Lysandros nos aguardan en la carpa. Regresemos —entonó ya más calmado.


-----∞0∞-----


—A falta de un tribunal y ante el incierto regreso a Tebas, se someterá a las leyes ciudadanas. Establezco en su nombre y en el de Atenea, diosa de la justicia, una audiencia provisional para dictaminar la investigación del suceso que tuvo lugar ayer entre los hoplitas Lysandros, aquí presente, y Argyros, aquí a mi derecha; a fin de establecer unas normas temporales para el prisionero.

Mientras el comandante hablaba, Diokles estudió al cautivo. Había oído hablar de él numerosas veces en la intimidad de su despacho y ahora lo tenía frente a él, maniatado y derribado por traición. Sabía que muy pocas cosas podían degradar a un soldado como la conspiración contra la propia polis. Haría lo posible por darle su merecido. Diokles pensaba que los amados debían ser obedientes y leales. De lo contrario, había que castigarlos.


Continuará...


DRAMATIS PERSONAE:
Argyros: antiguo amado de Lysandros y antiguo integrante del Batallón Selecto.
Diokles: jinete, oficial de caballería y amante de Alexios.
Lykaios: soldado y antiguo amado de Nikandros.
Lysandros: antiguo amante de Argyros.
Pelopidas: importante líder tebano y comandante del Batallón Sagrado.

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