La lengua de Eros | Rapsodia IV :: Escena 5 - Para leer on line~

Continuando con la entrega de La lengua de Eros, os dejo la escena quinta de la cuarta Rapsodia.

En octubre también subiré varias escenas y rapsodias de La lengua de Eros. Iré alternando entre una y otra para que podáis familiarizaros con sus muchos personajes aunque a estas alturas estoy segura de que es así ;)

Recomiendo no buscar información sobre sus personajes para evitar posibles spoilers o revelaciones importantes de la trama. No queráis desvelar el final antes de tiempo porque también he incluido ciertas variaciones :P

La escena de hoy nos muestra a Iolaus y a Herakles a su paso por la ciudad de Olimpia, famosa por albergar sus Juegos. Sin embargo, no os perdáis el final de la escena porque promete
 

En función de vuestra respuesta con las subidas durante esta semana, actualizaré más o menos seguido. Si veo cierto interés, continuaré subiéndola y si no es el caso pues me centraré en subir las otras historias que también esperan :)

Para leer la Escena 5 de la Rapsodia IV, picad donde pone Sigue leyendo AQUÍ.

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Buen finde y hasta mañana ;)


Saludinessss

Eleanor Cielo~
Novelas adultas para corazones adultos











RAPSODIA IV - Escena 5


El hipódromo de Olimpia estaba repleto, no había sitio para nadie más. Eran muchos los griegos quienes asistían a lo que eran los primeros Juegos de la ciudad y había suma expectación por la carrera de carros que iba a tener lugar aquella misma mañana.

Herakles, sentado en la tribuna de honor junto al monarca de la polis, esperaba ansioso. Observaba cómo se disponían en la zona de salida mientras el público jaleaba.

Entonces vio a Iolaus llevando su propio carro. Durante años le había enseñado a conducirlo y era ésta una magnífica oportunidad para demostrar la destreza adquirida. El joven iba de pie, sujetaba con su mano izquierda las riendas y el látigo con la derecha. Los dos caballos blancos, poderosos, relinchaban.

Antes de que la carrera comenzase, los participantes darían una vuelta al hipódromo mientras un heraldo anunciaba sus nombres y los de sus respectivos corceles.

Para resultar vencedor, debían lograr ser el primero en completar doce vueltas y evitar ser atropellado, especialmente en cada uno de los giros. A ello se le sumaba el peligro de que el carro volcase o se estrellase. Herakles se lo había advertido muchas veces.

Una vez iniciada la carrera, Iolaus lograría esquivar con maestría los diferentes intentos de algunos jinetes por rebasarlo en alguno de los dos giros del circuito. Azuzaba a sus caballos para que corriesen veloces como Pegaso, el caballo alado de Zeus.

No obstante, Herakles sabía que Atenea estaba con él. Así alcanzaría la meta y lograría ganar la carrera entre vítores, el sudor, el polvo.

Lo esperaba junto a la entrada de acceso a las caballerizas. Cuando Iolaus lo vio se le iluminó el rostro y corrió hacia él. Estaba empapado, tenía el cuerpo caliente. Herakles, que lo miraba con deseo, lo alzaría para besarlo ante la presencia de todos.


Continuará...

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