La lengua de Eros | Rapsodia IV :: Escena 3 - Para leer on line~

La escena de hoy es la primera de las entregas de uno de los mitos más conocidos del mundo griego: el rapto del joven Ganymedes. Hay abundantes obras de arte que se refieren a esta historia y que podéis encontrar en la red, si bien no recomiendo buscar info sobre el desenlace final del mito ;)

Ganymede por Gabriel Ferrier. 1874.

Recordaros que cada Rapsodia viene a estar compuesta de una media de 6 escenas donde se alternan el mundo de los hombres, el de los héroes y el de los dioses. Es decir, uno de mis propósitos en El discípulo que ama su maestro es combinar lo que fueron las diversas esferas de la mitología griega con la humana para enriquecer las experiencias que mis personajes tendrán a lo largo de los dos volúmenes: La lengua de Eros y El abrazo de Apolo.

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Saludinessss

Eleanor Cielo~
Novelas adultas para corazones adultos








Aquí podéis observar el recorrido del viaje de Ganymedes.


 RAPSODIA IV - Escena 3

Ganymedes observaba distraído el rebaño de ovejas, disperso sobre la ladera del monte. Aquella mañana lo había conducido para que los animales pastaran como había hecho desde tiempo atrás. Los balidos esporádicos de los corderos se habían mezclado con su rutina diaria.

A lo lejos podía divisar las cumbres nevadas de varios de sus picos más altos, se resistían al calor de la llegada de la primavera. El río discurría muy cerca y algunos de los animales bebían en él.

Sacó de la alforja los alimentos que conformarían el desayuno. Pan, queso y aceitunas, un buen puñado de higos. Después, descansaría un poco sobre el verde del pasto.

Tumbado mientras la brisa se deshacía hacia abajo, divisó las escasas nubes que salpicaban el azul del cielo. Intentaba hallarles formas conocidas aunque todo lo que veía eran ovejas y corderos.

Sin saber cómo, los animales comenzaron a balar sin cesar, a correr despavoridos sobre la ladera huyendo de algo invisible.

Ganymedes no comprendía lo que sucedía. Observó hacia todos lados pero no halló nada extraño. Sin embargo, las ovejas se dispersaban aterrorizadas.

El graznido de un ave tronó sobre sus cabezas. Miró hacia arriba y no pudo creer lo que vieron sus ojos: hacia él se dirigía con gran velocidad una enorme águila. Tenía las garras abiertas, sus alas eran gigantescas. No logró reaccionar a tiempo y fue atrapado entre aquéllas.

Se aferró como pudo cuando comprobó que tomaban una altura considerable. Temió por su vida.

—Subid por mi lomo y sujetaos a mi cuello, príncipe troyano —dijo el ave de repente.
—¿Quién… quién sois? —el efebo no salía de su asombro.
—Eso ahora mismo carece de importancia, Ganymedes.
—Conocéis mi nombre… Pero, ¿hacia dónde vamos?
—Antes de que caiga la noche nos hallaremos en el Monte Olimpo.
—¿No provocaremos la cólera de los dioses si ven que nos acercarnos a su morada?
—El viaje será largo, así que agarraos bien. No querréis caer, ahogaros en el Mar Egeo. Sería una lástima que Poseidon recibiera vuestro cuerpo inerte.
—¿Qué queréis de mí? Sólo soy un príncipe troyano…
—Tendréis que aguardar para que pueda daros esa respuesta. Ahora descansad sobre mi lomo y no os inquiete vuestro nuevo destino.


Continuará...

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Efebo: joven de dieciocho a veinte años.

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Poseidon: dios de los mares y océanos.

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