La lengua de Eros | Rapsodia IV :: Escena 2 - Para leer on line~

Ayer iniciamos nuestro viaje hacia la Rapsodia IV de La lengua de Eros. Viajar por sus páginas significa recorrer un largo camino hasta reencontrarnos con aquellos hombres y guerreros, con sus dioses y héroes a los que admiraban, veneraban. Es colarnos en sus vidas privadas y descubrir los mecanismos de sus pasiones y preocupaciones para con sus amados. Ahí nos daremos cuenta de la fragilidad de sus corazones porque los amantes, a pesar de su fiereza y violencia, aman con celo a sus jóvenes pupilos.

Y precisamente la escena de hoy va de ellos, de sus amados. ¿Qué se trae entre manos Tibalt? ¿Cómo reaccionará cuando conozca a Alexios? Ojalá pudiera ir a verlos en la casa rural de Nikandros, ser testigo de cómo se desenvuelven ahora que están los tres reunidos.

A lo largo de este otoño (o primavera si me leéis desde el hemisferio sur) que ya comienza iré subiendo las diversas rapsodias (episodios) que la conforman. No subiré de una vez cada una de ellas porque son bastante largas, así que he decidido que las postearé por escenas. Conforme avancemos, las escenas se irán haciendo más largas. No os preocupéis si en alguna ocasión pueda saberos a poco :)

Además, incluiré algunas notas sencillas a pie de página si hubiera alguna palabra del glosario o lista de personajes.

También he decidido que la frecuencia de las entregas variará en función de vuestra respuesta, así que gracias por comprar un ejemplar y apoyar el trabajo de dos años, por vuestras muestras de agradecimiento en Facebook, por vuestros motivadores comentarios en Wattpad

Para leer la Escena 2 de la Rapsodia IV, picad donde pone Sigue leyendo AQUÍ.

Nada más por hoy. Ojalá os guste! Hasta prontito


Eleanor Cielo~
Novelas adultas para corazones adultos














RAPSODIA IV - Escena 2

Tibalt se sentía satisfecho. Había ganado tiempo y aún permanecía en casa de Kyros. El acuerdo de paz en Atenas había desviado los planes de Nikandros, aplazando el regreso a su hogar. Además, así tendría oportunidad de conocer más a Alexios, el amigo de Kyros que acudió ese día para visitarlos.

Lo observó de abajo hacia arriba cuando estuvieron en el jardín. Se sentaron junto al estanque y el dueño de la casa, distraído, comenzó a recolectar algunas flores. Un esclavo velaba por ellos.

—Alexios, ¿qué edad tienes?
—Diecisiete. Pero pronto cumpliré dieciocho, cuando llegue la estación húmeda de nuevo.
—Eres mayor que Kyros.
—Varios meses. Es el más pequeño de los tres…
—Yo soy atleta y he vencido en los últimos Juegos Olímpicos. ¿Te gusta el lanzamiento de disco?
—Creo que sí…
—No hay nadie mejor que yo en toda Grecia…
—Pero Diokles me explicó que tal vez no se celebren Juegos en los próximos años…
—¡Tonterías! —exclamó irritado.

Tibalt fue al encuentro de Kyros quien, en la otra parte del jardín, seleccionaba varios narcisos.

—Vayamos a las caballerizas —rogó.
—No estoy seguro de si pueda ser una buena idea... Nikandros me advirtió…
—Pero podemos ir acompañados de varios esclavos, de Adara.

Lanzó una mirada despectiva al amado de Diokles, quien permanecía en el diván sin oír la conversación.

—Deseo atender a mi huésped, amigo Tibalt. Quizá cuando…
—No me gusta tu amigo Alexios —interrumpió.

Se había cruzado de brazos delante de él.

—No creo que lo conozcas muy bien —Kyros proseguía con su recolección.
—¿Para qué necesitas tantas flores…? —preguntó con fastidio.

Alexios se acercó.

—Me marcho a mi casa.
—Por favor, no te vayas —le regaló un narciso.

El joven pareció turbarse ante la flor y su expresión se relajó.

—También sabes montar a caballo, ¿verdad?

Corban era el domador y cepillaba el de Kyros cuando llegaron. Tibalt fue el primero en equipar a uno de los corceles negros que había.

—¿Cómo se llama? —preguntó Alexios.

Observaban cómo el esclavo aseaba al animal con esmero.

—Tarasios.
—¿Fue un presente de Nikandros?
—Así es. ¿Quieres montar en él?
—¿Me cederás tu corcel? —pronunció sorprendido.
—Ven —dijo Kyros mientras le daba una palmada en el hombro.

Después hizo una señal a Corban y éste comenzó a colocarle las riendas. Luego dispuso varias pieles sobre el lomo del caballo para fijarlas bajo el vientre.

La tarde iniciaba su caída y los dos muchachos galopaban por los pastos que formaban parte de las grandes extensiones de tierra que Nikandros poseía fuera de las murallas de la ciudad. Se trataban de numerosas hectáreas donde se alzaba también otra vivienda propiedad del militar, utilizada en determinadas fechas.

Se habían enzarzado en una carrera imaginaria. Recorrían a toda velocidad las inmediaciones de la finca donde sortearon los árboles localizados a la izquierda. Más tarde surgirían por la derecha del establo.

Pero Tibalt no lograba adelantarlo por mucho que espolease al animal. Alexios iba lanzado y allá delante divisó a Kyros saltando cerca de las caballerizas. Gritaba el nombre de su rival.

Después de la carrera fueron a su encuentro. Estaba exhausto y se enfadó cuando los vio tan juntos.

Tibalt contemplaba cómo se había ruborizado Alexios. Su negra y larga melena había quedado ligeramente revuelta, humedecida por el sudor que había empapado su cuerpo. Sus labios resplandecieron cuando tomó un largo sorbo de agua fresca que acercó un esclavo.

—Sin duda, Diokles debe de estar orgulloso de ti, Alexios —dijo Kyros con una amplia sonrisa.



Continuará...

Pica AQUÍ para leer la siguiente Rapsodia.

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Nikandros: jinete, tutor y amante de Kyros.
Kyros: joven pupilo amado de Nikandros.
Diokles: jinete, tutor y amante de Alexios.
Alexios: joven pupilo amado de Diokles.
Tibalt: atleta, amado de Zarek.



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