La lengua de Eros | Rapsodia III :: Escena 7 - Para leer on line~

Hoy jueves llegamos al final de la Rapsodia III. A lo largo de esta semana he ido desgranando las escenas que la conforman y es mi intención hacer lo mismo con la Rapsodia IV y siguientes.

Pues bien, cada Rapsodia viene a estar compuesta de una media de 6-7 escenas donde se alternan el mundo de los hombres, el de los héroes y el de los dioses. Es decir, uno de mis propósitos en El discípulo que ama su maestro es combinar lo que fueron las diversas esferas de la mitología griega con la humana para enriquecer las experiencias que mis personajes tendrán a lo largo de los dos volúmenes: La lengua de Eros y El abrazo de Apolo.

Os recuerdo que desde ayer está disponible La lengua de Eros en formato físico.

Han sido muuuuuchos meses y estoy deseando poder mostraros las fotos cuando lo tenga entre mis manos ;)

Podéis hacer vuestros pedidos si estáis interesadxs aquí: Comprar La lengua de Eros.
Tiene 278 páginas y mide 12.7 x 20.32 centímetros (ancho x largo).

Nada más por hoy. Que disfrutéis de la lectura y hasta pronto ♥ ...ah, sí! Y que espero vuestros comentarios, por supuesto :P


Eleanor Cielo~
Novelas adultas para corazones adultos








 RAPSODIA III - Escena 7


Ameinias despertó muy temprano, tal vez deslumbrado por los rayos de sol con los que Helios había brindado un nuevo día a la ciudad de Tebas. Decidió subir a la Cadmea después del desayuno.

Sin embargo, al doblar la esquina vislumbró a un muchacho cuya belleza lo dejó sin habla. De rostro andrógino, cabellos claros que se desparramaban graciosamente por las sienes, profundos ojos y labios encarnados. Un pequeño lunar asomaba vanidoso sobre el labio superior. Su figura, espigada, era cubierta por una impecable túnica inmaculada que realzaba sus coquetas nalgas.

Se quedó inmóvil y no supo cómo reaccionar. El desconocido se percató de ello y, al cruzarse con él, pareció lanzarle una fugaz mirada cargada de indiferencia. Ameinias se sintió confundido.

Cuando aquél desapareció tras una esquina, echó a andar con rapidez. No quería perderlo de vista. Pero por otra parte, ¿qué iba a decirle una vez que lo tuviera frente a él?

La muchedumbre bajaba por la calle y no logró localizarlo por ningún lado. Aún continuaría recorriendo las callejuelas aledañas con la esperanza de dar con él, sin éxito alguno.

Pasaron varias semanas y Ameinias comenzó a creer que jamás volvería a localizar al enigmático muchacho. Desde aquella fecha se había obsesionado con la idea de encontrarlo. Pero nadie parecía saber quién era.

Llegó el verano. Durante la mañana había estado en el gimnasio pero ya se marchaba a casa. Estaba en el vestuario cuando entró de repente.

Para su desconcierto, la belleza del joven no pasó desapercibida y Ameinias fue testigo de cómo un hombre de mediana edad comenzaba a cortejarlo.

—Hijo de Apolo. ¿Acaso tu amante es tan inconsciente que te permite acudir solo a realizar los ejercicios? Yo soy poderoso y puedo ofrecerte una vida llena de…
—Excusad, noble ciudadano. Pero no sois el amante que busco —zanjó.
—¿Y cómo lo sabes? No me has concedido la oportunidad de demostrártelo.
—Esta conversación ha finalizado. Os ruego que no me molestéis.

El hombre, visiblemente irritado, abandonó la estancia. Otros lo imitarían pero los que permanecieron comenzaron a mirarlo de soslayo, a cuchichear con fingido disimulo. Con todo, el efebo parecía ignorarlos y comenzó a desnudarse con tranquilidad, seguramente porque sabía que su masculinidad era ansiada por muchos.

Dejó la ropa, abandonando el vestuario. Ameinias comprendió que el desconocido no lo había identificado y, lastimosamente, que él era uno de tantos aquéllos que había quedado hechizado bajo la órbita de aquel sublime adolescente.


Continuará...

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Apolo: dios de la belleza, de la armonía, de la verdad, hijo de Zeus.

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Cadmea: Acrópolis de Tebas.


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