La lengua de Eros | Rapsodia III :: Escena 2 - Para leer on line~

La escena de hoy viene repleta de personajes y situaciones. Lentamente la historia se mueve como si se tratase de un organillo cuya música nos va sonando cada vez más y más familiar. Vamos entrando en sus vidas sin que ellos se den cuenta ;)

Recordad que desde la semana pasada hay un nuevo ciclo de entregas en mi blog. A lo largo de estos meses iré subiendo las diversas rapsodias (episodios) de mi nueva novela, La lengua de Eros. No subiré de una vez cada una de ellas porque son bastante largas, así que he decidido que las postearé por escenas.

Además, incluiré algunas notas sencillas a pie de página si hubiera alguna palabra del glosario o lista de personajes.

También he decidido que la frecuencia de las entregas variará en función de vuestra respuesta (gracias por vuestras muestras de agradecimiento en Facebook, por vuestros motivadores comentarios en Wattpad ). Si no veo nada, actualizaré menos seguido y me centraré en subir las otras historias que también esperan :)

The Combat of Mars and Minerva por Jacques-Louis David. 1771.

Siguiendo con la estela de obras de arte relacionadas con la mitología griega, os dejo una pintura de Atenea y Ares (dios de la guerra, de la crueldad): Minerva y Marte en la romana, respectivamente. Poco a poco os iréis haciendo con las muchas historias cruzadas que encontraréis entre las páginas de mi novela. A buen seguro que conocéis más de una... y si no, es una magnífica oportunidad para descubrirlas. Doy fe


Para leer la Escena 2 de la Rapsodia III, picad donde pone Sigue leyendo AQUÍ.

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Bonito viernes y hasta mañana ;)


Saludinessss

Eleanor Cielo~
Novelas adultas para corazones adultos
















 RAPSODIA III - Escena 2

La Cadmea era la acrópolis de Tebas. Según la tradición, la ciudad había sido fundada por Cadmo, hijo de reyes de la lejana Fenicia, bautizándola con su propio nombre. Con el paso del tiempo, ésta designaría sólo a la ciudadela o fortaleza.

En épocas de paz, el Batallón Selecto era la guarnición permanente de la polis, por lo que era frecuente ver sus filas de amantes vigilando diversos puntos estratégicos de la propia Cadmea.

En su interior se albergaban los edificios religiosos más importantes. Pero fuera de ella, el ágora o plaza pública destacaba porque allí se concentraban los edificios civiles, tenían lugar las asambleas de ciudadanos. Aquella misma mañana se habían reunido para votar sobre los asuntos más significativos que afectaban al futuro inminente de la ciudad.

Finalizada la reunión, un importante grupo de ciudadanos rodeó a Epaminondas para felicitarlo. Pelopidas también sería interpelado una vez concluida.

—Os doy mi más sincera enhorabuena por ser el nuevo comandante del Batallón Selecto.
—Sin duda sois el candidato más adecuado para sustituir al magnífico Gorgidas.
—Confío en vos.
—Aprecio vuestras alabanzas —respondió Pelopidas. —Aunque la propuesta de Gorgidas me tomó por sorpresa, cumpliré con mi deber. Valoro la confianza depositada en mi capacidad como estratega.

El grupo se fue y el nuevo comandante se sentó sobre la escalera que bajaba del ágora. Observaba a Epaminondas, quien atendía a aquéllos que se le habían acercado.

Desde allí veía a un hombre vigoroso. De sobra era conocida su habilidad en el combate, cómo había ascendido siendo un sencillo hoplita. Por eso apreciaba el estilo, el liderazgo natural de su compañero político.

—Respetado Epaminondas. Nunca olvidaré el día en que comenzó a forjarse nuestra amistad —dijo alzándose cuando se despidió de los otros.
—Sabes que volvería a hacerlo otra vez —le puso una mano sobre el hombro. —Pero ahora he de marcharme para reunirme con Gorgidas esta misma tarde.
—¿De nuevo?
—Eso parece. ¿Y tú? ¿Qué me dices de lo que ha sucedido?
—¿No sabías nada?
—Te lo juro —dijo solemne el beotarca.
—¿Absolutamente nada? ¿Ni siquiera alguna sospecha?
—Quedé tan sorprendido como tú, aunque...
—¿Qué ocultas? —Pelopidas lo escudriñó.
—Aunque la visita de ayer y sus palabras enigmáticas me hicieron dudar. Sé que Gorgidas siente verdadero fervor por ti.
—Pero también lo siente por ti, por Diokles, por Nikandros…
—No es exactamente el mismo.
—He de deducir que has charlado con él no sólo acerca de asuntos políticos —señaló con una mueca. —¿Son acaso ese tipo de reuniones las que llevas a cabo sin mi presencia?
—No te pongas a la defensiva, venerado Pelopidas. Gorgidas jamás confabulará contra tus intereses personales —se acercó para darle un beso sobre la frente. —Ni contra los míos.

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A lo lejos, Argyros y Lysandros montaban guardia. Se encontraban junto al templo de Dionysos, de considerable altura y flanqueado por columnas a su alrededor. Su culto había llegado desde tierras lejanas pero gozaba de numerosos fieles, no sólo en Tebas. Su atractivo, además, residía en que el dios la había elegido para hacer su incursión en toda Grecia.

Un compañero se acercó a ellos algo alarmado. Parecía que había estado corriendo de un lugar a otro.

—¿Qué sucede, Timoleon?
—Traigo noticias —parecía asfixiarse.
—Acabamos de presenciar a lo lejos la asamblea allá abajo, en el ágora. Pero desconocemos de qué se ha hablado, qué ha sido aprobado.
—Siéntate, recupera el aliento…
—Al parecer Gorgidas ha cedido el mando del Batallón a Pelopidas —comunicó finalmente.

La pareja se sorprendió al oír aquella noticia, aunque fue Lysandros quien rompió el silencio.

—Tenía la certeza de que este día llegaría pronto.
—¿Qué sucederá a partir de ahora?
—Gorgidas se retirará, podrá disfrutar de la vejez. Nuestro anciano amigo se merece semejante descanso —sonrió algo nostálgico. —Si ha decidido dar ese paso significa que ha cumplido sesenta años. Siempre se guardó de revelarnos su edad porque en el fondo es un vanidoso —todos rieron al unísono.
—Vuestro tiempo de guardia ya ha finalizado. En breve llegará la pareja que os sustituirá por hoy. Podéis marcharos cuando llegue.

Timoleon se despidió para continuar expandiendo la noticia entre sus compañeros localizados a lo largo de la Cadmea. Parecía que se acercaban nuevos tiempos. Lysandros y Argyros se dirigieron hacia la casa una vez relevados.

—Voy a extrañarlo mucho…
—Le tenéis verdadera estima.
—Es un gran hombre. He conocido pocos tan inspiradores como él. Apuesto a que ahora podrá dedicarse a la poesía y la música, siempre lo decía. Aunque no sé si aún le quedarán fuerzas para seducir a los jóvenes que gusta de admirar en el gimnasio.
—¿Desde cuándo lo conocéis? —inquirió el muchacho.
—Gorgidas fue mi mentor, mi amante hace ya tiempo. Vivimos juntos aproximadamente dos años. Siempre fue un buen confidente.
—No conocía vuestra historia con él…

Lysandros lo miró de reojo. Argyros parecía algo irritado.

—Quítate el casco.

Obedeció, mostrando aquel rostro inspirado en la belleza varonil del dios Apolo. Los labios ligeramente enrojecidos, siempre jugosos. El cabello dejaba a la vista pequeños bucles de color azabache que se enroscaban, como ahora, cuando se alborotaba.

Ante la viva imagen del hijo de Zeus, se le acercó e intentó besarlo porque de alguna manera disfrutaba cuando se enfadaba y lo rechazaba a continuación.

—¿No deseas mis labios?
—No es eso…
—¿Ni mis abrazos?
—Sabéis que no se trata de…
—¿Y qué me dices de mi lengua? —le susurró.

El muchacho quiso alejarse pero el otro lo atrapó del brazo. Argyros desvió la mirada, clavándola en el suelo. Seguía teniendo esa mueca de enojo.

—No tienes que sentir celos de lo que sucedió hace años. Fue mi mentor y amante, pero luego sólo quedó su amistad. Quienes lo conocemos somos conscientes de que nunca ha mantenido una relación prolongada con un muchacho al que instruir, al que amar. Pero no malinterpretes mis palabras, no tuve pruebas para pensar que no me fuera fiel. En ese sentido, pronto me di cuenta de que yo no era su favorito.
—Estoy hambriento. Desearía poder llegar pronto —apuntó con impaciencia.

Argyros se adelantó un poco y Lysandros se dio cuenta de que aquél caminaba con los puños apretados.

-----∞0∞-----

Gorgidas, Nikandros y Diokles caminaban juntos de camino a la casa de éste último. Un esclavo los acompañaba, rezagado. La asamblea había terminado y decidieron por iniciativa del oficial almorzar reunidos. Dejaron atrás la Cadmea bajando por las calles laberínticas, sucias y angostas de la ciudad.

Cuando llegaron a su destino, Diokles no entró con ellos en la estancia.

—Ruego me dispenséis por un momento. Mis esclavos os atenderán mientras tanto.

Encontró a Alexios durmiendo. Se sentó a su lado para despertarlo.

—Ya habéis regresado —se abalanzó sobre él y lo colmó de besos.
—¿Te encuentras mejor?
—Dyna me preparó el remedio que le compró al farmacéutico. Cree que ayer me agoté en exceso…
—Quizá la próxima vez te convendría no montar a caballo durante tanto tiempo, bajo el sol. Hazlo cuando no haga tanto calor, por la tarde. Cuando se acerque la estación húmeda podrás cabalgar durante el mediodía.
—Es que vuestro corcel Cyril es adorable.
—¿Y Karsten?
—Es demasiado inquieto…
—Por esa razón deseo que aprendas a adiestrarlo.
—Está bien. Karsten fue un preciado regalo vuestro.

Alexios se abrió la túnica y le tomó la mano para posarla sobre el pecho.

—No me provoques. Hay invitados en la casa, debo atenderlos…
—Sólo un momento, por favor —se deshizo de la prenda y desnudo se aferró a Diokles.

Éste le acarició las nalgas pero luego buscó los genitales. Los frotó contra el abdomen y Alexios eyaculó entre espasmos. El militar lo apartó de forma grácil, recostándolo. Tomó un poco de esperma entre sus dedos, estudió su textura sin observarla y, con mirada lasciva, lo introdujo en la boca del joven.

—Reponte. Cuando llegue la noche, Eros y yo reclamaremos vuestros fluidos masculinos.

-----∞0∞-----

Mientras tanto, Gorgidas y Nikandros habían tomado asiento en la sala. En ausencia de Diokles, charlaron de asuntos desvinculados de los temas políticos pendientes.

—La ceremonia fue espléndida, estimado Nikandros.
—Agradezco vuestras palabras y celebro que disfrutarais de ella.
—Un vino excepcional, unas bailarinas hermosas… tu amado. Kyros parece un buen muchacho.
—A juzgar por el poco tiempo que llevamos viviendo juntos, creo que se ha adaptado bien a sus nuevas obligaciones. Es disciplinado, habilidoso.
—Y hermoso. Muy hermoso.
—Sin duda lo es.
—Conozco a varios hombres de posición alta que lo cortejaron. Ninguno de ellos consiguió siquiera arrebatarle una sonrisa —Gorgidas permaneció en silencio, escudriñándolo con interés. —Me pregunto qué fue lo que halló en ti. Y no tomes a mal mis palabras. Soy un curioso, lo sabes.
—¿Tenéis intenciones de conquistar a algún efebo del que aún no sé el nombre?
—Aunque pensándolo mejor, entiendo que no fue tanto Kyros como tú quien cautivó al otro.

El más joven lanzó aquella risa deliciosa.

—¿Acaso acerté?

Continuó interrogándolo.

Habían tejido una fuerte amistad a lo largo de los años y, aunque Gorgidas a veces se lamentaba de cómo había sucedido todo entre ellos, lo admiraría desde el primer día que lo conoció. No había olvidado aquel encuentro ni el sabor fugaz de sus labios. Ojalá pudiera volver atrás y rechazar la absurda propuesta de Nikandros.

Pocos guerreros sabían manejar la espada con tanta precisión contra los enemigos. Había sido testigo de cómo había partido en dos a numerosos hombres en la guerra, cómo jamás había mostrado compasión ante sus contrincantes. El anciano albergaba la idea de que Nikandros adoraba la sangre correr porque el dios Ares luchaba con él.

Cuando Alexios y Diokles entraron en el interior de la estancia, aquél saludó cortésmente. Permanecía junto a su protector, quien le ofreció un vaso de hidromiel.

—… por esa razón debemos partir a Atenas la próxima semana. Dispondré todo para que en mi ausencia no te falte nada y te encuentres a gusto —le pasó un brazo por encima del hombro.
—Vuestra voluntad es mi voluntad.

No parecía muy complacido tras recibir la noticia y por ello casi no lograría disimular su cara de fastidio.

—Kyros permanecerá en Tebas. En mi casa también está alojado un amigo suyo, Tibalt, mayor de edad. Puedes visitarlos si te place o les sugeriré que vengan.
—También yo me quedaré en la ciudad —anunció Gorgidas.
—Pensé que vendríais con la delegación de la región. Vos fuisteis el principal artífice de proponer a Epaminondas como líder de la misma.
—Por esa razón no iré. Me faltan fuerzas y el trayecto a Atenas es largo. Es hora de que los que sí pueden sustituyan a los que ya hemos cumplido con Tebas —se dirigió a Alexios. —¿Te acuerdas de mí? Eras así de pequeño cuando nos conocimos por vez primera.

Pero el adolescente se limitó a negar con la cabeza.

—Fui a visitar a tu padre y acababas de regresar de la escuela. Después ya no volví a verte porque la actividad política y diplomática me tuvo separado de mi buen Diokles, de muchas de mis viejas amistades.

Gorgidas guardó silencio mientras sus ojos se encontraban con el fondo de la copa que sostenía. Después continuó.

—Algún día tú, los de tu edad lideraréis a los de la generación de Diokles y Nikandros tal como ellos están haciendo con la mía. Es el destino inexorable de los hombres.
—Comprendemos que habéis decidido este paso tan significativo pero no nos opondremos a vuestra decisión.
—Sin embargo, pensamos que vuestra presencia sería muy valiosa… —el oficial se mostró inquieto.
—No se hable más. La decisión está tomada. No subestiméis vuestras aptitudes y cualidades porque todas las generaciones proporcionan hombres excepcionales —sonrió al adolescente.



Continuará...


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Nikandros: jinete, tutor y amante de Kyros.
Kyros: joven pupilo amado de Nikandros.
Argyros: amado de Lysandros, integrante del Batallón Selecto.
Lysandros: amante de Argyros, integrante del Batallón Selecto.
Gorgidas: importante líder tebano, jinete, comandante del Batallón Selecto.
Diokles: jinete, tutor y amante de Alexios.
Alexios: joven pupilo amado de Diokles.
Dyna: esclava de confianza de Alexios.
Pelopidas: importante líder tebano.
Epaminondas: importante líder tebano, beotarca. Amante de Asopico.

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Acrópolis: núcleo más antiguo y alto de la polis.
Ágora: plaza pública y lugar de reunión en la Antigua Grecia.
Beocia: región de Tebas.
Beotarca: magistrado de las ciudades de Beocia. Cargo diplomático y militar de la Liga Beocia.
Efebo: joven de dieciocho a veinte años.
Hoplita: soldado griego.
Liga Beocia: alianza de polis beocias.
Polis: ciudades estado en que estaba dividida la Antigua Grecia. Eran independientes entre sí.

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