Ídolo78 | Volumen IV :: Para leer on line~

Muy buenas tardes~

Después de unos días de relax y merecido descanso, vuelvo al trabajo. Ahora toca lo difícil, concienzudo  y pesado (en ciertos tramos): la corrección de la novela y pulir sus muchos detalles. No es una etapa que me disguste personalmente, de hecho ya le tenía ganas; pero sí que es cierto que se hace repetitiva ya al final. Añadámosle que es verano por estas latitudes y que es la estación que menos me gusta :P ...algún día me compraré un iglú veraniego :>


Pero hoy vamos al título de esta entrada. Vamos a por el cuarto volumen de Ídolo78 =)



La sinopsis, por si aún no conocéis esta recomendada historia, en la que van apareciendo más personajes y situaciones claves para el futuro:
Hikaru y Kenshi no empiezan bien su relación a pesar de que cada uno oculta deseos inconfesables.

Para leer sin que nadie os interrumpa: buscad un lugar tranquilo y ya veréis ;)

Más abajo está la historia para leer, pero si lo que queréis es descargar el tercer volumen id AQUÍ.


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¡Mil gracias por vuestro apoyo que me llega de tan diversas formas! A pesar de la distancia física, se siente ♫♪♪♥♥♥♥♫♪♪

Eleanor Cielo~
Homoerótica Azul. Léela. Ámala











CAPÍTULO VII

De repente despertó. El apartamento permanecía en silencio y en penumbra. Intentó alzarse pero se percató de que estaba inmovilizado. Prestó atención y divisó a Hikaru, quien yacía a su lado dormido y ligeramente desvestido.


Giró de nuevo la cabeza para que sus rostros quedaran frente a frente. Poco a poco comenzó a llegarle la calma de su cálida y embriagadora respiración, desprendiendo los vapores que el alcohol maceraba en su interior, como si el espíritu ingerido por el vino se deslizara durante el sueño. Así le quiso parecer cuando observó los párpados moverse algo agitados durante un instante.


A Kenshi le sorprendió descubrir a Hikaru junto a él, especialmente cuando recordó el episodio previo y lo irritado que se mostró. A pesar de ello, y desde la fragilidad con la que el batería se mostraba ahora, sus deseos más ocultos comenzaron a aflorar. Una fuerte voluntad por arrastrar a su compañero a esta parte desconocida de sí mismo, que comenzaba a descubrir. Se sintió contrariado cuando tuvo ante sus ojos aquella imagen donde su único propósito era transgredir el cuerpo del muchacho.


Se hallaba inmerso en semejante conflicto interno cuando advirtió que los dedos de su brazo inmovilizado rozaban el abdomen desnudo del joven. Condensó entonces su mente en el pequeño quinteto, en cómo cada uno asaltaba la tersa piel para apropiarse de ínfimas parcelas de epidermis, cómo cada uno se deslizaba sutilmente sobre aquella bendita tierra que daba paso a la zona fértil de su desconcertante huésped.


Pero el sexo de Kenshi lagrimeaba porque anhelaba acariciarla, lloraba porque no concebía otro destino que el de sumergirse dentro del cuerpo que tenía junto a él. Carne relajada por el beneplácito del letargo, por el efecto del alcohol atesorado durante la noche, al compás de risas, tintineos de botellas y cigarrillos baratos.


Pero si yo soy heterosexual… a mí no me gustan los hombres. Yo no soy gay. ¡Maldita cerveza…! A mí me gustan las mujeres. ¡Yo no soy gay…! ¿Por qué habrían de gustarme?... ¿por qué me siento atraído por… él? Nunca antes… A mí me gustan las mujeres… pero él… él es diferente. ¿Por qué? ¿Por qué quiero besarlo? ¿Por qué quiero follármelo si yo sólo me lo he hecho con mujeres? ¿Por qué tiemblo de esta forma? Yo no soy gay.


Lo que no sospechó que sucedería a continuación fue que Hikaru se despertase alentado por su propia respiración, cada vez más intensa. Aquél abrió los ojos lentamente, como si regresara del estupor de un largo viaje. Observó a Kenshi mientras sonreía como lo hace un borrachín satisfecho. En un instante su semblante se tornó serio.


—Quiero ser el cantante de OX52.

— ¿Qué quieres qué? —regresó a la realidad para pasar al frente de la incredulidad.

—Que quiero ser el cantante de OX52 —esta vez alzó un poco más la voz y se irguió para que el líder no tuviese duda alguna de que hablaba completamente convencido, decidido por mucho que los efectos del alcohol le restaran credibilidad.

— ¿Por qué piensas que lo harás mejor que Daisuke? —lo examinó fijamente, prudente.

—Sólo dadme una oportunidad. Si no os gusta, me olvidaré del tema y me esforzaré con la batería —el joven hablaba con seguridad —Sabes mejor que yo que tu amigo no es tan bueno como pensaste, que no ha mejorado mucho más desde entonces —una fugaz sonrisa de victoria pareció dibujarse en su rostro.


Kenshi permaneció serio, mudo, impenetrable. El otro lo vigilaba desde su nueva posición, tendido casi encima del guitarrista. Con todo, el brazo y los dedos de la mano permanecían inmovilizados y hundidos bajo el abdomen de Hikaru. Perfecta metáfora de cómo se sentía en ese preciso momento.


Y en una cortina de vapor, su sed le ofreció la imagen de su interlocutor totalmente descubierto para mostrarle su sexo con alevosía. Cerró los ojos para ahuyentar la visión.


—Déjame que lo piense después. Ahora quiero...


Su frase fue interrumpida por un beso sellado inocentemente sobre los labios. Kenshi quedó perplejo.


— ¿Qué haces?— apartó a su compañero de forma brusca —No te confundas. Yo no soy gay.

— ¿No te gustó? —Frunció el ceño — ¿Gay? Yo tampoco soy gay… ¿y a quién le importa eso? — Hikaru se aproximó de nuevo — Antes, cuando llegamos, intentaste desvestirme…

—Pero no para…

—Lo sé. No voy a entrar en detalles, pero sabes que mi infancia no fue nada fácil... Ya lo sé, no es una excusa muy buena para hablarte así...


El joven comenzó a desnudarse psicológicamente sin ser interrumpido por Kenshi, quien atendía a cada una de las palabras que describían el turbio pasado de aquél. Era consciente de que era testigo del descubrimiento de un territorio virgen, nunca expuesto a nadie. Creyó que en cierta forma era como habitar espiritualmente dentro de él, como si rozara el orgasmo cuando sentía que se adentraba más y más profundo.


Quizás no entendía porqué Hikaru insistía en flagelarse, mutilándose psicológicamente. Tal vez aquello -en el fondo- le impulsaba a anhelar no separarse de él y protegerlo.


Sin embargo, hizo una pausa y comenzó a deslizar sus dedos de entre los botones de la camisa. Era obvio que su intención era desprenderse de ella. El guitarrista se agitó nuevamente, nervioso y visiblemente incómodo. Su compañero le tranquilizó, sonriendo.


—No es lo que piensas. Sólo quiero que veas algo que nunca he enseñado a nadie.


Kenshi quedó sumido en una mezcla de horror, compasión y dolor cuando advirtió la cicatriz de aquel bello pero corrompido torso desnudo. Acto seguido, Hikaru tomó pacíficamente la mano de aquél para posarla de igual forma sobre la marca. Gracias a las yemas de sus dedos conoció la textura de la misma y el pasado de su confidente.


Mientras éste mantenía la mano sobre la herida, el joven comenzó a respirar de manera entrecortada. Parecía como si se ahogara porque el sufrimiento vivido se deslizara viscosamente por su garganta. Apartó entonces el rostro, ocultándoselo a Kenshi.


Pero se recuperó enseguida y alzó la cara. El otro se percató de lo fuerte que era el orgullo de su compañero, y quiso ungirlo nada más ser consciente de ello.


Así, fue esta vez él quien estrechó entre sus manos el rostro de Hikaru, para después atraerlo para sí. Lo besó dulcemente. El joven parecía confuso.


— ¿Qué haces? No necesito que nadie sienta lástima por mí — consideraba herido su recién recuperado orgullo.

— ¿De verdad lo crees? No necesito sentir nada de eso para hacer lo que ahora quiero —Kenshi lo miró fijamente, severo.


Sin dejar escapar aquella imberbe piel, volvió a acercar el rostro para sí y ambos se fundieron en un jugoso, codiciado y primer beso.




 CAPÍTULO VIII

Se les había hecho tarde y por esa razón iban caminando con prisa. El lugar no estaba, sin embargo, demasiado lejos. Abrieron la puerta y allí estaban esperándoles con caras serias, de preocupación.

—Abandono OX52 —dijo Daisuke nada más ver aparecer a Kenshi.
— ¡¿Qué?!... ¿Por qué?... ¿Ya lo decidiste, así, sin más? No...
—Me traslado a Okinawa. Hoy me han ofrecido allí un puesto de trabajo y lo necesito. Lo siento, tío —se marchó, dejando a todos sumidos en el desconcierto.

Rápidamente Eita y Ryo dirigieron sus miradas a Kenshi. Se sentó en una de las destartaladas sillas de la pequeña sala y comenzó a darle vueltas a su cabeza, en una especie de meditación, como acostumbraba a hacer cuando algo le requería por completo. Entonces, el resto de la banda lo dejaba a solas. Mientras, Hikaru se acercó a sus dos compañeros, se sentó junto a ellos y encendió un cigarrillo.

Sin embargo, esta vez el guitarrista fue sorprendido en sus reflexiones cuando oyó cómo el batería exponía al resto del grupo lo que le había confesado en el apartamento.

—Podemos ver y probar —dijo Ryo entusiasmado.
— ¿Y has cantado alguna otra vez? — un incrédulo Eita no alcanzaba a imaginar a aquel joven en semejante papel.
—Probemos —sentenció Kenshi, decidido.

Horas antes había sido testigo de la firmeza de Hikaru. Quería a alguien con las ideas muy claras en cuanto a ser un punto y centro significativos de atención de la banda; y sobre todo, alguien con quien poder trabajar en igualdad de condiciones. A pesar de ello, en el fondo tenía muy claro la meta a seguir y lo que en el futuro sería su proyecto más ambicioso. Sonrió cuando se percató de que realmente aquella marcha tan poco acertada de Daisuke le había beneficiado. Y más sonreiría después cuando, pasados los años, recordara con nostalgia estos días tan decisivos. Importantes.

Inmediatamente prepararon el equipo para hacer la prueba. Todos tenían claro que, llegados a este punto, nada más podían perder. Sin cantante, de nuevo regresaban a la casilla de salida.

Ryo sentía verdadera curiosidad porque conocía a Hikaru, aunque no lo suficiente para imaginar cómo se desenvolvería como intérprete. Cualquiera hubiera podido ver cómo en su rostro se vislumbraba la expectación.

Al contrario, Eita no lo tenía muy claro. No le gustaba cómo se desenvolvía con la batería y no lograba creer que en otra faceta musical pudiera destacar.

Por su parte, a Kenshi sólo le importaba una cosa en aquel momento: quería verlo interpretando sus temas, guardaba un significativo interés por conocer y comprender la insistencia sincera de Hikaru. ¿A qué se debía ese cambio?

Todo estaba a punto cuando Takumi abrió la puerta. Usualmente no iba a los ensayos porque su horario de trabajo se lo impedía, pero esta vez pudo asistir. Su venerado Ryo se acercó para recibirle, quien acto seguido le explicó lo sucedido.

Sucedió que entonces recordó sus apreciaciones personales durante el concierto del día anterior. ¿Daisuke se ha marchado y este tipo quiere ser su sustituto?

— ¿Todo está preparado? —dijo Kenshi, decidido y lleno de electricidad.

Takumi quedaría como espectador junto a su amigo de la infancia. Eita acompañaría a Kenshi en las guitarras. Hikaru encendió el micro.

¡¡¡1, 2, 3...!!!

Y la pequeña sala se llenó de notas musicales, melodías, voces, lírica,... y un sentimiento generalizado de sorpresa.

La incredulidad de Eita se esfumó, el pesimismo de Takumi dejó paso a la estupefacción, la curiosidad de Ryo fue saciada, y la intuición de Kenshi confirmada.

Allí estaba moviéndose al unísono de los temas, interpretándolos de manera magistral, haciéndolos suyos, acompasando los tonos como si lo hubiese hecho durante años. Además, a ninguno de los allí presentes le pasó desapercibida la luz que irradiaba, dejando a todos sorprendidos, electrizados por la metamorfosis de la que acababan de ser testigos.

Sus rostros devolvían las sonrisas que la satisfacción -por haber hallado lo que se busca- imprime incondicionalmente. Superaba todas las expectativas que se habían generado al comenzar con OX52. Sintieron que ahora podían con todo. Que habían logrado hallar la pieza que completaría el puzle.

Sí, era Hikaru Takahashi.

Entonces, Takumi se dio cuenta. Ese muchacho... ese muchacho  no puede ser el mismo que el otro día tocaba la batería sin pasión, sin entusiasmo. Son dos personas completamente diferentes, opuestas. Pero qué tipo, ¿cómo es capaz de hacerlo? ¿Cómo es capaz de pasar de la indiferencia a implicarse de lleno en la actuación de esa manera? ¿Cómo es posible que no pueda dejar de observarlo?

Experimentó una fuerte descarga de culpa e incluso vergüenza cuando se percató de aquellos sentimientos, reflexiones que de pronto nacían y lo rodeaban sin previo aviso para dejar a un lado su entrega por Ryo. Lo observó, quien –hechizado- admiraba al nuevo cantante. Takumi sintió celos, pero no podía culparlo: Hikaru... Hikaru no es de este mundo.

Su mirada se dirigió hacia Kenshi, imperturbable y concentrado en su labor como guitarrista, hasta que interceptó la mirada lasciva y fugaz que intercambió con el nuevo cantante. Entendió que aquél gesto significaba que entre ellos existía ese lazo privado que anhelaba para sí y su amigo de la infancia.


Continuará...


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