Ídolo78 | Volumen III :: Para leer on line~

Muy buenos días!~

Después de la vorágine y la resaca de los concursos y la publicación de las dos nuevas portadas, regresamos un poco a la normalidad :D

La novela está casi, casi terminada. Me faltan sólo varias escenas. Había querido finalizarlas esta semana pasada, pero me ha resultado imposible. No sé si ha sido por la intensidad de los últimos pasajes, porque la semana anterior le dediqué muchísimo más tiempo del que suelo hacer o sencillamente porque en el fondo me resisto a concluirla después de tanto tiempo =)
A buen seguro debe ser por las tres cosas porque estoy mentalmente agotada como dije días atrás en mi facebook :P

Sea como fuese, una vez escrita he de corregirla y preparar los extras que llevará incluida. Cuando dije que será una obra bien hecha hablaba en serio ;) Pero eso ya será algo más liviano -espero- y no habrá que esperar hasta 2015. No os preocupéis :P En cualquier caso, muchas gracias por vuestra paciencia ♥<(^.^<)

Mientras tanto, seguimos trayendo cosas bonitas al blog. Esta vez, el tercer volumen de Ídolo78 para leer aquí en el blog.



¿Y de qué trata esta historia?
Hikaru y Kenshi no empiezan bien su relación a pesar de que cada uno oculta deseos inconfesables.

Adivinad qué es lo que esconde cada uno de ellos ... yo ya lo sé y tantxs otrxs que ya han leído una de mis historias más aclamadas ;)

Más abajo tenéis la historia para leer, pero si lo que queréis es descargarte el tercer volumen id AQUÍ.


Compartid esta entrada si es de vuestro agrado en redes sociales o círculos más próximos para que otras personas puedan leer esta historia. Gracias =)

¿Os gustó el volumen? ¿Sí? ¿No? Ya sabéis que vuestros comentarios alimentan también este blog y mis ánimos por seguir escribiendo ;)


Esto es todo de momento. Besotes y buen finde para todxs!!

Eleanor Cielo~
Homoerótica Azul. Léela. Ámala








CAPÍTULO V

Recuerdo que ese día Ryo se encontraba muy nervioso. Había llegado a casa muy de madrugada, inquieto y agitado incluso una vez conciliado el sueño. Esta noche, sin embargo, su zozobra y desasosiego quedarán colmados, renunciará enfrentarse en el letargo y en la vigilia.


Con estos pensamientos circulando desde la tarde se encaminó hacia el pequeño recinto donde tendría lugar la actuación de la que, durante semanas, había oído hablar repetidamente. De no ser por la insistencia de su mejor amigo, no hubiera sido arrastrado allá bajo los mismos condicionamientos y expectativas.


La tarde hacía nacido gélida, e incluso había estado lloviendo toda la mañana. El local estaba en las afueras del distrito. Una vez dentro, alcanzó uno de los asientos vacíos y observó cómo la sala comenzaba a llenarse paulatinamente.


Sin proponérselo, vinieron a su mente recuerdos de su infancia -compartida con Ryo- por quien se había mostrado dispuesto a socorrer y amparar desde los primeros días en la escuela. Distinguió fugazmente escenas vividas junto a él, momentos en que la piadosa infancia los enalteciera a la sombra de la inocencia que poseían como niños en aquellos días. Entonces evocó aquella primera vez: sentado sobre la mecedora del jardín observaba a su amigo jugar extasiado con una cigarra vivaracha. El pequeño corrió hacia él, risueño, para mostrarle el singular insecto; cuando lo tuvo frente a sí, le imprimió un casto beso sobre aquellos menudos e inofensivos labios. Lo había contemplado en las películas: cuando dos personas se querían, se besaban, estaban siempre juntas, estaban contentas. En aquel entonces, él no lograba diferenciar por la simplicidad que la infancia hacía de todo asunto del mundo adulto, pero sí poseía la certeza de que estimaba a su amigo por encima de cualquier cosa. Aquel acto fue el desenlace del inicio de tantas reflexiones acumuladas, y en última instancia, del propósito de materializar su afecto por él a lo largo de la infancia y adolescencia. Sin embargo, aquel sentimiento había adquirido también una dimensión y naturaleza mundanas para hostigar y transformar su propio ego: no deseaba que Ryo posara sus ojos en nadie más.


Despertó de sus ensoñaciones cuando fue saludado por sus amistades, quienes se acercaron y se sentaron junto a él. Todos esperaban el inicio de la actuación.


De repente las luces se apagaron, los focos del escenario dirigieron todas las miradas hacia el escenario y el público comenzó a gritar electrizado por los primeros acordes. El grupo surgía ante ellos y finalmente pudo distinguir a Ryo. Quedó desconcertado por la imagen de la banda: cabello despeinado repleto de laca, uñas y ojos teñidos de negro, camisa blanca ajustada, corbata negra desenlazada. Además, era fácil suponer que aquel maquillaje les palidecía las mejillas y realzaba el color carmesí que habían elegido para sus jugosos labios masculinos.


El sonido de la música atronaba el recinto. Tras un primer instante de confusión, la gente se mostraba entusiasta ante aquel insólito grupo. Sin embargo, él comenzó a examinar a cada uno de los muchachos que había sobre el escenario.


Daisuke parecía moverse por su espacio sin demasiada convicción. Entiendo que los comienzos son difíciles, pero este chico no parece tener el talento que precisa ser el principal referente de una formación musical. Se diría que los temas no logra hacerlos suyos.


Reparó en Kenshi, en aquel tipo excéntrico que nunca le había dirigido la palabra a pesar de haber asistido algunas veces a los ensayos. Todos tenían la certeza de que el guitarrista era el cabecilla y creador del grupo, el que había aunado fuerzas y voluntades para que aquella noche fuese realmente posible. ¡Menudo tipo!


A Eita lo conocía gracias a Ryo, quien le había hablado muchas veces de lo bien parecido que le resultaba, de su atractivo. Pero una vez que Kenshi desechó la idea de proponerlo como vocalista, disipó semejantes sentimientos por considerar que el apuesto joven acabaría relegado a un segundo plano para eclipsar el entusiasmo que su amigo había revelado.


En el otro lado del escenario se hallaba Ryo, concentrado y serio. Las clases de bajo habían merecido semejante esfuerzo. Cuando lo contempló de nuevo, creyó que el corazón se encogía para reparar en la lengua de fuego que se retorcía bajo la piel. Allí estaba, preciosidad de delicada y suave naturaleza que se alzaba por encima del resto.


Estaba sonriendo lleno de complacencia y orgullo cuando reparó en el quinto componente, oculto entre las diferentes piezas que ensamblan una batería. Allí estaba el chico al que había intentado instruir meses antes para mejorar su destreza. Entendía que, aunque tenía ganas de formar parte de aquel grupo, consideraba que en el fondo no creía que quisiera ejercer ese rol. Ahora, en el concierto, podía confirmar sus sospechas: tocaba la batería con tan poco entusiasmo y emoción que podía equipararse a la forma en que lo hacía Daisuke. Estaba arqueando las cejas y frunciendo la boca en una mueca de desaprobación y cierta incredulidad cuando percibió tanto desinterés. Se sintió incluso molesto por considerar que ofendían de alguna manera a Ryo, quien había volcado tanto de él en la formación musical.

Acto seguido, no tardó en augurar un futuro bastante corto para la banda. ¡Tipos raros los OX52!




CAPÍTULO VI

Era domingo muy de mañana cuando llegaron al apartamento. El post-concierto se había alargado, alegrado por los litros de cerveza y el olor a cigarrillos deslizándose entre ellos.


Hikaru apenas podía sostenerse sobre sus piernas y alzar la cabeza. Kenshi intentaba que su compañero no cayese rodando por las escaleras de acceso a la vivienda y a una misma vez quería conseguir introducir la llave por la menguante cerradura… ¡Maldita, pareciera que no quisiera entrar! El batería estaba tan ebrio que sólo quería dormir y olvidar hasta que el mundo acabase. El guitarrista, sin embargo, más templado y moderado en sus licencias, suspiró fastidiado. Pronunció varias maldiciones y justo en ese momento la cerradura se dejó atravesar por la llave.


Una vez dentro, Kenshi llevó a rastras a su compañero a la habitación. Lo dejó sentado en el suelo mientras desplegaba el futón para, a continuación, tender el cuerpo casi inerte del otro. Pero antes, reparó en que debía sacarle la chaqueta y la camisa… la corbata… ni idea de dónde habrá quedado.


Al principio fue un acto reflejo. Desvestir a un amigo… bueno, vamos a llamarlo así; antes de dejarlo sobre el futón. Sin embargo, se dio cuenta de que Hikaru era diferente. Allí estaba, dormido y borracho, ignorante de lo que sucedía a su alrededor. Esta actitud fastidiaba al guitarrista. No obstante, halló un placer tímido en el hecho de tener que auxiliarlo esta vez.


Comenzó a desnudarlo, no sin antes vencer cierta inseguridad y perplejidad. Sustraerle la pelliza fue sencillo: un brazo por aquí, y otro por allá. Se hallaba inmerso en esa tarea cuando se percató de su fisionomía. Aunque a primera vista no diera esa impresión, sus brazos eran fibrosos y bien proporcionados, pétreos. Pudo percibir con más detalle la forma de sus manos, de sus dedos, de sus uñas. Comenzó a descubrir cómo los efectos del extinto alcohol resucitaban y lo volvían a embriagar, pero esta vez con concupiscencia. Su instinto le arrojó los recuerdos de Hikaru desnudo, exhausto por la libídine inmoral, yaciendo atrevidamente sobre aquel mismo futón, dentro de aquella misma habitación. Se mordió el labio inferior con tanto nervio que volvió en sí. Ahora… la camisa, más difícil… ¡maldito, y ahí sigues durmiendo!


Iba a desabrochar el segundo botón cuando el otro despertó. Éste se le quedó mirando, serio, abstraído. Permaneció así por unos segundos. Kenshi no supo cómo reaccionar. Finalmente, el joven hizo un gesto y se cubrió la cabeza.


—Mi cabeza va a estallar…

—Tienes suerte de haber llegado de una pieza —ahora estaba realmente enfadado, antes el color y sabor del deseo precedentes lo habían anestesiado —justo ahora te estaba desvistiendo…

—Quita. Ya lo hago yo –dijo Hikaru tirando de su camisa —No te atrevas a desnudarme nunca más —ahora el irritado era él. Nunca lo había visto actuar así.

—Está bien. Haz lo que te dé la gana. —El guitarrista se dirigía hacia la puerta— Pero cuida de ti mismo —la cerró molesto.


Kenshi no sabía muy bien qué pensar de lo que acababa de acontecer. Se descubrió y se desplomó sobre el sofá. Ya tendré tiempo de reflexionar si merece la pena. Ahora quiero pensar en el futuro de la banda.


El concierto superó sus expectativas, aunque consideraba que había aspectos que necesitaban ser afinados y perfeccionados. Mañana nuevamente habían de reunirse y discutir el devenir de la formación musical. Apreciaba mucho a Daisuke, pero… ¿es realmente el vocalista que quiero para mi grupo?


Al otro lado de la puerta, Hikaru se agitaba bajo el futón, irritado. ¡Tú qué sabrás!. Se giró sobre sí mismo y, poco después soñaba, agotado.



Continuará...

Pica AQUÍ para ir al cuarto volumen.

Comentarios

  1. Hola Eleanor, he intentado descargar el volumen 3 de tu novela pero no ha sido posible, la pagina dice que no tiene activos servicios de información, así que no me deja descargar. Podrías solucionarlo por favor?? la novela me encanta y ya he leído los dos primeros volúmenes y me gustaría poder seguirla. Un beso

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    Respuestas
    1. Hola, anakas!

      Muchas gracias por avisar ;)
      Al final encontré la solución para que se siga descargando de Safe Creative, prueba ahora ;)

      Que lo disfrutes y gracias a ti por tu tiempo y palabras♥

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  2. Ya he logrado descargar la novela, muchas gracias por la rapidez y por solucionar el problema, un besazo!!

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