Ídolo78 | Volumen II :: Para leer on line~

Buenas noches~

Siguiendo con mi idea de ofreceros mis relatos e historias para leer on line en el blog, os traigo el segundo de Ídolo78. El primer volumen lo ofrecí hace menos de dos semanas y lo puedes leer aquí por si no lo hiciste antes.

Os recuerdo que iré subiéndolas aquí por volúmenes y respetar así su formato original. Al final de cada entrada pondré un enlace que conecte con el siguiente una vez lo suba posteriormente. De esta manera puedes leerlos de corrido sin tener que buscar en la nube de tags ;)





¿Y de qué trata esta historia?

Hikaru y Kenshi no empiezan bien su relación a pesar de que cada uno oculta deseos inconfesables.

Adivina qué es lo que esconde cada uno de ellos ... yo ya lo sé y tantxs otrxs que ya han leído una de mis historias más aclamadas ;)

Más abajo tienes la historia para leer, pero si lo que quieres es descargarte el segundo volumen ve AQUÍ.


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Esto es todo de momento. Besotes y hasta muy pronto!!

Eleanor Cielo~
Homoerótica Azul. Léela. Ámala









 CAPÍTULO III


El día no había podido ir peor. Si durante la mañana tuvo que sustituir a un compañero, y el trabajo en el almacén fue entonces más riguroso de lo habitual, por la tarde los pedidos se multiplicaron y fue preciso permanecer durante varias horas más. Para colmo, la lluvia le había sorprendido de camino a casa, sin paraguas ni ropa adecuada para semejante contratiempo. Maldijo su suerte cuando se percató de cómo el agua empapaba de forma silenciosa su cuerpo, para endurecer los pezones y erizar la piel.

Sin embargo, entre tanta desdicha fugaz pudo desplegar y saborear la idea de su proyecto personal, musical. Lo tenía todo calculado. Con unos compañeros del instituto formaría una banda que alcanzaría fama internacional y el mundo entero conocería a OX52. Ya no tendría que pasar más frío ni sustituir en el almacén ¡Al diablo con los pedidos! Se metió las manos en los sucios bolsillos del pantalón. Poco después inhalaba el humo de un cigarrillo y sentía el tibio calor que lo recorría en vertical.

Y ahora llegaré al apartamento y encontraré a Hikaru, incapaz de hacerse con un trabajo donde sea aceptado siquiera durante un día... ¡Qué tipo tan problemático! ¿Es que no se va a ir nunca? Estoy cansado de tener que dormir solo en el sofá…. Quiero dormir en mi futón…mi intimidad…sí… mi privacidad… para mí… solo… Pero lo peor, sin duda, es no poder llevar a una chica… poder tener... Aquello llegó a irritarle por completo.

Inspiró el humo e inmediatamente tiró la moribunda colilla. Había llegado al apartamento. Estaba empapado a pesar de que había dejado de llover. Se descalzó, se sacó la camiseta y fue a la cocina a preparar algo caliente, quizás la cena.

Sin embargo, no se percató de que Hikaru ya habría llegado, hambriento como siempre. Como hoy había llegado más tarde no reparó en que su compañero ya estaría en el apartamento, así que fue directo al baño y abrió la puerta de la alcoba. Él no estaba preparado para recibir la imagen con la que se encontró.

Su corazón saltó desbocado, la sangre comenzó a hervir y circular frenética para volverse fuego líquido y escarlata que prendía cada uno de los poros de piel que alcanzaba. El frío desapareció al instante. Ahora tenía calor. Su cuerpo llameaba. De repente percibió la estrechez en sus pantalones.

De forma mecánica, Kenshi intentó contener su deseo frente a la voluptuosidad que se retorcía bajo su ropa, como una serpiente sibilina que creaba una señal en espiral a la espera de morderlo. Notó un punzante sabor a metal húmedo que contaminó y aturdió su lengua. Se había mordido el labio y sangraba.

Hikaru dormitaba desnudo sobre el futón, abandonado a la suerte de quien nada tiene que perder mientras sueña. Su carne, rosácea y dócil, simulaba segregar un aroma salado que Kenshi pronto reconoció de otro hombre. La lengua, inmóvil, parecía atraparlo. Advirtió una fuerte punzada debajo de las costillas que le hizo deducir que perdería el equilibrio. ¿Cómo…cómo he podido ser tan…? Es… Las palabras no terminaban de nacer porque la sangre mezclada con el efluvio del desconocido aprisionaba su voz.

La belleza. Como si de repente el mundo hubiese girado en sentido inverso, no fue hasta ese preciso momento que logró advertir lo apuesto que era aquel caótico y ambiguo muchacho. No había reparado hasta ahora. Aquel semblante, ahora relajado por el sueño, emanaba una solidez y poder que no había conocido con anterioridad. Destruyó la noción del tiempo.

No obstante, sus ojos ambicionaban devorar aquel sexo relajado. Distinguió el realce de sus nalgas y el perfil sugerente que marcaban aquellos montes divinos, fértiles y colmados de perfección. Codició besarlos, lamerlos, mancillarlos. Entonces no tuvo dudas de la procedencia de aquellos restos impíos que empañaban semejante espejismo real. Abrigó una indiscutible ira al visualizar en su fuero interno a aquel cuerpo siendo tomado por otro. El dolor bajo las costillas se hizo más agudo, insoportable. Deseó que aquellos vestigios procedieran sólo de él para llevárselos a la boca y degustarlos, fusionarse con Hikaru en el sueño obscuro y pastoso de su masculina libídine.

Kenshi descubrió en su boca el desierto y en su sexo el océano. Se vio a sí mismo introduciendo sus dedos por el hueco que aquellos montes dejaban a su alcance, observó cómo el líquido pegajoso se incrustaba en ellos y el calor -de tan recóndito lugar- se expandía primero por su mano y luego por el resto del cuerpo. Seguiría hurgando mientras se masturbaba.

Pero pronto retrocedió a la realidad. Hikaru parecía que iba a despertar. Rápidamente agarró el tirador de la puerta y la cerró con cuidado. ¡Todo había parecido tan real!




 CAPÍTULO IV

Aquella noche el minúsculo apartamento de Kenshi estaba a rebosar. Era bastante habitual que aquel recóndito lugar se llenase de jóvenes ilusionados por la escena musical de la época, influenciados por un sinfín de grupos nipones y del otro lado del mundo. En otras palabras, el habitáculo del muchacho era conocido por todos como el punto de encuentro de la juventud más excéntrica del distrito. Y es que, en el fondo, no eran pocos los que admiraban la personalidad de este adolescente reservado, frecuentemente enfrascado en sus extravagantes pensamientos y, aunque no hablaba mucho –más bien economizaba en palabras-, acudir a dichos encuentros siempre resultaba fascinante: podían encontrar un nutrido surtido de discos de vinilo de importación y de reciente lanzamiento, inalcanzables para la mayoría de aquellos hijos de humildes trabajadores, así como números de ciertas revistas especializadas que los deslumbraban de igual forma.

De todas formas, aquella noche era especial: en menos de 24 horas la banda debutaría al fin. El camino para llegar hasta allí había sido relatado cientos de veces: Un año atrás, Kenshi y su antiguo compañero de escuela estaban sentados en un bar. Ryo, formemos un grupo, diría muy serio. Éste conocía al otro desde la infancia y no tenía dudas acerca de aquella proposición, por lo que accedió convencido. Además, no tardó mucho en proponer al candidato que podría hacer las veces de cantante: el compañero de clase de su hermano, Eita. Lo consideraba suficientemente atractivo e insondable como para convertirlo en el reclamo perfecto para la imagen de la banda. Kenshi, por su parte, proyectaba en otra dirección y estilo, pues había apostado por su amigo Daisuke. Y para la batería, ¿en quién has pensado, Renshi? Ryo comenzó a visualizarse tañendo el bajo. ¿Para la batería? Eso ya está solucionado. Días después el grupo al completo comenzaba a diseñar el proyecto de OX52, quedando Eita al frente de la segunda guitarra.

Y allí estaban los cinco reunidos y acompañados por sus amistades más cercanas y de siempre rostros nuevos que arribaban atraídos por la pequeña, pero considerable, fama que el apartamento del muchacho había acaparado desde entonces.

El amargo sabor de la cerveza impregnaba el ambiente para mezclarse con el de los cigarrillos, la atmósfera espesa, las risas y el tintineo de los vasos.

Sin embargo, Kenshi –cuya habilidad para coexistir en dos espacios de forma plena y a una sola vez era admirable- no podía apartar de su retina la escena evocadora y lasciva de Hikaru postrado sobre el futón. La serpiente sibilina abrió los ojos.

Lo buscó con la mirada y lo localizó junto a Ryo, charlando animosamente, ignorante de su muda penitencia. Con sutil disimulo reparó en los gestos de su compañero de apartamento, inquieto e inseguro, quien intentaba ocultar su dolor íntimo y profundo. Experimentó de nuevo la serie de sentimientos que afloraba cuando dedicaba sus pensamientos a la situación familiar y personal de Hikaru. Notaba que no era desprecio y tampoco condescendencia. No era aquella clase de personas que se dejaba atenuar por la desolación ni las desgracias de los demás, pero tampoco se crecía con ellas.

Nunca hablaba mucho; no obstante, con Ryo parecía sentirse cómodo, confiado. Kenshi asintió sin darse cuenta, y después reparó en su aspecto físico: el cabello enmarañado, desordenado, cargado de laca como para desafiar a la misma gravedad; formaba una excéntrica cresta de la que se sentía bastante orgulloso. Al dueño del apartamento aquello le cautivaba. En Europa, la new wave y el post-punk arrasaban y en Japón aquella original estética podría ser un atractivo recurso y componente en la búsqueda de una personalidad propia, cualidad de las que las bandas noveles siempre andaban hambrientas. Kenshi sencillamente detestaba la idea de llegar a ser un conjunto musical más entre tantos.

Esta vez apuró el vaso de cerveza por completo, colmado hasta arriba, para obligar al líquido dorado entumecer sus sentidos y acelerar los efectos del alcohol. Las visiones obscenas en torno al muchacho comenzaron a nublarle el juicio: Hikaru y sus nalgas cubiertos por su inmaculado y viscoso semen.


Continuará...


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